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El gasto en medicamentos en la
Argentina ya supera el 25% del gasto
total del sistema de salud
argentino, según el especialista en
Economía de la Salud, Martín
Morgenstern. Se trata de un
porcentaje muy superior al de la
mayoría de los países desarrollados.
Dinamarca destina apenas el 6,2%.
Un estudio de la consultora
Prosanity aporta otra dimensión del
tema: “el 44% del gasto de las
empresas financiadoras de salud
corresponde al segmento de
medicamentos. Además, si se suman
los pagos directos de los pacientes,
la proporción llega al 52% del gasto
total”.
Este fenómeno no es coyuntural.
Responde a un crecimiento
exponencial del gasto en
medicamentos en la última década.
Pero no implica que se haya
extendido en igual proporción el
acceso a los tratamientos, sino que
este aumento del gasto está
impulsado principalmente por los
tratamientos de alto precio y las
nuevas tecnologías, que son
demandados por un grupo limitado de
pacientes. De acuerdo a un informe
del Observatorio de la Unión
Argentina de Salud (UAS) de julio de
2022, la participación de los
medicamentos de alto costo dentro
del gasto total en medicamentos pasó
de aproximadamente 8% en 2010 a
cerca de 60% en años recientes.
Este avance sostenido de los
tratamientos genera alarma en los
sistemas sanitarios de todo el
mundo. En la Argentina ya desde hace
años los gastos vienen escalando a
partir de la judicialización de los
casos. Solo el Ministerio de Salud
de la Nación registraba en el año
2023 más de 400 juicios vinculados a
la cobertura de medicamentos de alto
costo de no probada efectividad y
fuera del PMO.
La magnitud del problema ha llevado
al Ministerio de Salud, la Seguridad
Social y al sector privado a
trabajar en diversas estrategias
tendientes a mitigar su
desequilibrante impacto, como la
reducción de otros gastos, compras
conjuntas entre ministerios
provinciales, importación directa y
el impulso a una agencia de
evaluación de tecnología sanitaria,
entre otras iniciativas. Son medidas
que ayudan, pero no resuelven de
raíz el problema.
Los ingresos del sector salud no son
ilimitados y existe un costo de
oportunidad al realizar u otorgar
estas coberturas en medicamentos, en
detrimento de otros rubros que se
deben financiar para cubrir el PMO.
De esta manera podríamos concluir
que este incremento del presupuesto
para financiar el rubro medicamentos
generó una transferencia de recursos
que afectó a otros componentes del
costo prestacional. Basta ver que
años atrás, los honorarios
profesionales representaban cerca de
un tercio del gasto total, y hoy
explican apenas el 15%. En
contraste, los medicamentos, que en
2012 representaban el 15-18%, hoy
concentran alrededor del 40% del
gasto.
Esta reconfiguración del gasto
impacta de manera directa sobre los
prestadores y, especialmente, sobre
el honorario de los profesionales
médicos.
La paradoja es que el origen del
gasto en medicamentos surge de una
prescripción médica.
El desafío para el sistema -y para
la sociedad- es lograr
sostenibilidad frente a un
crecimiento exponencial de estos
gastos, que continuará acelerándose
en los próximos años, impulsado por
la propia dinámica de las ciencias
médicas y el envejecimiento
poblacional. Ya no se trata
únicamente de enfermedades alto
costo y baja incidencia, ya que cada
vez hay más patologías que se
cronifican. Además, están próximos a
incorporarse nuevos tratamientos
ultra costosos que hoy están en
diferentes etapas de
experimentación, estimulados por la
industria más grande del mundo. Cada
vez será más dificultoso lograr su
cobertura.
La
clave está en poder encontrar un
equilibrio entre la incorporación de
las nuevas tecnologías y la
sostenibilidad del sistema, de modo
que todos los actores puedan
satisfacer sus necesidades: el
médico con su honorario y el
paciente con acceso a un tratamiento
seguro y costo-efectivo, que
resuelva su patología de la mejor
manera.
La adopción de tecnologías con
criterios de costo-efectividad es el
elemento decisivo. En este punto,
los médicos tienen la herramienta
más poderosa del sistema: la
lapicera.
El profesional que realiza la
prescripción debe considerar el
impacto que genera con la misma en
el sistema en su conjunto, buscando
siempre la decisión más
costo-efectiva.
Debe considerar que existe un
“pagador” de lo que está
prescribiendo. Esos pagadores son
los propios beneficiarios del
sistema, tanto en el subsector
público, como en la Seguridad Social
y también en la medicina privada, en
cuyo servicio tiene impacto el
eventual desfinanciamiento del
sistema.
Cada profesional debería
constituirse en un virtual
componente de la agencia de
evaluación de tecnología, a través
de sus propias decisiones al momento
de la prescripción. Es decir, una
AGNET en el origen del gasto, en “la
lapicera”.
Como bien señalaba el Dr. Alberto
Agrest, en su libro Ser Médico,
ayer, hoy y mañana, “... Hasta hace
algunas décadas, el médico vivía la
pauta cultural de la entrega
generosa y la sabiduría, que hoy
debe cambiar por la de la
efectividad y la eficiencia. El
esfuerzo debe apuntar, entonces, a
conciliar ambas culturas; el desafío
es cómo hacerlo”.
Por otra parte, agregaba que las
nuevas tecnologías surgen y cambian
con gran velocidad y esa
vertiginosidad en algunos casos
dificulta su evaluación por parte de
los médicos. Por ello su
incorporación debe ser rigurosamente
analizada.
La sostenibilidad solo será posible
en la medida en que todos los
actores asuman este compromiso.
En CEMPRA, cámara federal que
representa a más de un millón y
medio de personas a través de 40
entidades de medicina privada que
brindan cobertura en todo el país,
existe una profunda preocupación por
esta situación. Se trabaja
permanentemente para eficientizar la
gestión del gasto, con el objetivo
de garantizar la cobertura y la
accesibilidad a los servicios de
salud. Muchas de estas entidades,
hoy constituidas como Agentes del
Seguro de Salud, cumplen, además, un
rol clave en las comunidades locales
y regionales del país.
En el ámbito de CEMPRA funcionan
comisiones técnicas que desde hace
años analizan este contexto y
desarrollan estrategias de
sostenibilidad. En particular, la
Comisión Médica y Farmacéutica
trabaja en el estudio y la
generación de propuestas para
optimizar el gasto en medicamentos.
Entre otras acciones, se avanza en
una gestión conjunta con la
Superintendencia de Servicios de
Salud para optimizar los costos de
compra en una gestión articulada de
los medicamentos de alto precio más
frecuentes.
De la misma manera, se trabaja junto
a los médicos prescriptores para
consensuar criterios, especialmente
en lo referido a las indicaciones de
tratamientos de alto precio.
Las comisiones técnicas, contable,
jurídica y de tecnología interactúan
con la comisión médica aportando
herramientas de análisis y medición
del impacto económico de las
decisiones terapéuticas.
Desde CEMPRA mantenemos una
interacción permanente con las
autoridades sanitarias nacionales y
provinciales, articulando soluciones
y acciones que permitan fortalecer
la sostenibilidad del sistema y
trabajar en beneficio de la salud de
toda la comunidad.
Estamos en un momento crítico y
trascendental de ordenamiento del
sistema, que es responsabilidad de
todos, y que requiere buscar
eficiencias, hacer foco en lo
importante, trabajar
colaborativamente, y alinearnos en
el propósito de garantizar la
accesibilidad al sistema de salud a
toda la población desde cada uno de
los sectores en los que participamos
| (*)
Presidente de la Cámara de
Entidades de Medicina
Privada (CEMPRA) |
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