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 Columna

    

ENCAUZAR LA SALUD PÚBLICA

“La mejor manera de predecir
el futuro es creándolo”
Peter Drucker

Por el Doctor Ignacio Katz


El devenir sanitario argentino puede graficarse como un río. No puede detenerse por pura voluntad o revertirse a fuerza de regulaciones del tipo que fueran; pero tampoco podemos permitirnos limitarnos a generar olas superficiales y mucho menos a remar contracorriente. Se trata de planificar y construir una represa que contenga y resignifique las fuerzas en curso de manera sostenible.
La realidad no debe ser leída solamente como un conflicto irresoluble entre fuerzas, sino como el requerimiento de un dispositivo que insuma esfuerzo y templanza que la finalidad justifica. Entendiendo al dispositivo en su función esencialmente estratégica: responder de manera organizada y eficaz al devenir cotidiano en un contexto determinado.
Como eje o matriz conceptual estructurador adoptamos como dupla primaria multiplanar al Estado y al Mercado. Se trata de una relación co-constitutiva, es decir, una formación mutua en la que ambos elementos se definen simultáneamente y no pueden comprenderse por separado.
Esta interdependencia permite analizar cómo Estado y Mercado se configuran uno al otro en un mismo proceso histórico y social. Una dupla social co-constitutiva, base de la conducta comunitaria, supone interacción consciente, cooperación y un “nosotros” que se reconoce como tal. Se basa en vínculos recíprocos y en la construcción de un orden simbólico y material que sostiene la vida colectiva.
Los actores involucrados en el área sanitaria (principales y secundarios) sostienen valores e intereses que conjugan un delicado equilibrio que exige un proceso de armonización. Ello no ocurre espontáneamente, al contrario, requiere construir un conjunto de dispositivos: una red que se establece entre los elementos que la componen, de manera tal de constituir una especie de formación (como tal, dinámica) que, en determinado momento histórico, tiene como función esencial responder al devenir cotidiano. El dispositivo tiene, entonces, una función esencialmente estratégica frente al conflicto.
Ante el equilibrio dinámico e inestable, propio de todo devenir comunitario, resulta imprescindible buscar una “homeostasis” (noción acuñada por el biólogo Claude Bernard) que otorgue coherencia y continuidad al proceso. Esta dinámica dialéctica exige superar el dualismo entre teoría y práctica mediante una praxis transformadora capaz de articular y renovar ambos planos. Para lograr la sincronización regular entre innovación, adopción y rentabilidad podríamos referirnos a autores como Carlos Matus y Karl Polanyi.
Así como para Matus la gobernanza estratégica asigna al Estado una responsabilidad ineludible como garante intransferible en la conducción del proceso social, esta no puede pensarse como una capacidad homogénea ni neutral. La formulación estratégica exige una apreciación crítica de la situación, que identifique problemas, causas y actores en conflicto, y un diseño de cursos de acción. La programación, la presupuestación y la reorganización institucional no son actos técnicos, sino arenas de poder donde se juegan prioridades.
Solo desde esta praxis el Estado puede orientar sin subsumir, de manera tal que la economía sirva a la sociedad y no al revés.
Desde la perspectiva de Polanyi, lo económico está siempre incrustado en relaciones sociales y políticas, la articulación entre Estado y Mercado no puede pensarse como un equilibrio entre esferas separadas, sino como una relación co-constitutiva. El mercado autorregulado nunca fue un fenómeno espontáneo: se asentó sobre un Estado sano que lo planificó, lo garantizó jurídicamente y lo impuso como forma de organización social.
Pero ese mismo despliegue generó una reacción defensiva de la sociedad, el “doble movimiento”, que obligó al Estado a limitar los daños del mercado y reencuadrar la economía dentro de la vida social. En esta clave, la cuestión no es optar por más Estado o más mercado, sino definir qué instituciones saludables hacen posible un mercado compatible con la reproducción social.
En el sector sanitario nos enfrentamos a un conjunto de problemas que se desplazan como en un laberinto permanente. En este laberinto conceptual nos enfrentamos a continuas encrucijadas, que se nos presentan como dilemas -y no problemas-, que requieren discernir y decidir.
Evoquemos, dentro de la historia de la medicina, a Paracelso que abogaba por una terapéutica “verdadera y causal”, al mismo tiempo que sostenía que “todo diagnóstico preciso contiene la terapéutica”. Como señalaba el médico e historiador español Pedro Laín Entralgo, el diagnóstico y el tratamiento no son momentos meramente sucesivos, sino parte de un proceso en el que el médico está siempre explorando posibilidades terapéuticas, incluso más allá de lo conocido al momento.
La articulación entre Estado y Mercado, entonces, especial pero no únicamente para el ámbito sanitario, requiere reconocer el desajuste e innovar con responsabilidad, donde se conjuguen valores ético-morales con intereses materiales que aseguren su sustentabilidad. La discusión sobre realidad sanitaria y viabilidad financiera suele quedar obturada por la denuncia permanente de carencias dinerarias, cuando la verdadera insuficiencia radica en la falta de conocimiento–comprensión y de responsabilidad pertinente para conducir el sistema.
Más que recursos adicionales, se requiere una estrategia, una táctica y una logística adecuadas, sostenidas en un coliderazgo eficaz dentro de la gobernanza sanitaria. La viabilidad financiera depende de políticas que no sean acciones deshilvanadas, sino intervenciones coherentes diseñadas según las necesidades reales y las particularidades de cada territorio; de lo contrario, la vulnerabilidad del sistema persiste porque no está pensado en función de su propia realidad sanitaria. Para eso es necesaria la elaboración de programas vinculados con agendas concretas y una estrategia indirecta de esfuerzos graduales y sostenidos que logren momentos transformadores.
En una realidad difícil por el sufrimiento, se impone un pragmatismo obligado que responda a una estrategia hilvanada y concatenada. Frente a la vulnerabilidad que genera la falta de información veraz y oportuna, que evite sesgos interesados, es imprescindible proponer un sistema de trazabilidad y monitoreo de todas las acciones del sistema de salud -operaciones, tratamientos, procedimientos y gestiones- que permita registrar, seguir y evaluar cada intervención.
Sólo con un flujo confiable de datos, que lectores idóneos permanentes puedan transformar en información útil, es posible garantizar calidad, continuidad de cuidados y responsabilidad institucional en todos los niveles.
Los avances informáticos actuales brindan una oportunidad innegable en ordenar y jerarquizar dicho flujo, bajo una guía profesional colegiada que priorice según decisiones éticas, además de técnicas. La clave pasa por aprender a interpretar la información disponible, cuestionarla y usarla con responsabilidad.
Los datos (big data) se convierten en un nuevo lenguaje que debemos saber leer, descifrar e interpretar con la indispensable herramienta informática (algoritmos), pero sin caer en la delegación moral que implica el desentenderse de su fabricación y regulación.
En este sentido, la educación y la formación (médica en particular y toda en general) no debe claudicar en el espíritu crítico que busque apoyarse en herramientas como la Inteligencia Artificial para avanzar en el conocimiento (teórico y práctico), en lugar de cobijarse bajo esas facilidades desligándose de los saberes acumulados y conjugados que podrían potenciar una comunidad no sólo más desarrollada, sino también más humana.


(*) Doctor en Medicina por la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Director Académico de la Especialización en “Gestión Estratégica en organizaciones de Salud”, Universidad Nacional del Centro - UNICEN; Director Académico de la Maestría de Salud Pública y Seguridad Social de la Universidad del Aconcagua - Mendoza; Director de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Concepción del Uruguay – UCU. Coautor junto al Dr. Vicente Mazzáfero de “Por una reconfiguración sanitaria pos-pandémica: epidemiología y gobernanza” (2020). Autor de “Una vida plena para los adultos mayores” (2024); “La Salud que no tenemos” (2019); “Argentina Hospital, el rostro oscuro de la salud” (2004-2018); “Claves jurídicas y asistenciales para la conformación de un Sistema Federal Integrado de Salud” (2012); “En búsqueda de la salud perdida” (2009); “La Fórmula Sanitaria” (2003).

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