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El devenir sanitario argentino puede graficarse como un río. No
puede detenerse por pura voluntad o revertirse a fuerza de
regulaciones del tipo que fueran; pero tampoco podemos
permitirnos limitarnos a generar olas superficiales y mucho
menos a remar contracorriente. Se trata de planificar y
construir una represa que contenga y resignifique las fuerzas en
curso de manera sostenible.
La realidad no debe ser leída solamente como un conflicto
irresoluble entre fuerzas, sino como el requerimiento de un
dispositivo que insuma esfuerzo y templanza que la finalidad
justifica. Entendiendo al dispositivo en su función
esencialmente estratégica: responder de manera organizada y
eficaz al devenir cotidiano en un contexto determinado.
Como eje o matriz conceptual estructurador adoptamos como dupla
primaria multiplanar al Estado y al Mercado. Se trata de una
relación co-constitutiva, es decir, una formación mutua en la
que ambos elementos se definen simultáneamente y no pueden
comprenderse por separado.
Esta interdependencia permite analizar cómo Estado y Mercado se
configuran uno al otro en un mismo proceso histórico y social.
Una dupla social co-constitutiva, base de la conducta
comunitaria, supone interacción consciente, cooperación y un
“nosotros” que se reconoce como tal. Se basa en vínculos
recíprocos y en la construcción de un orden simbólico y material
que sostiene la vida colectiva.
Los actores involucrados en el área sanitaria (principales y
secundarios) sostienen valores e intereses que conjugan un
delicado equilibrio que exige un proceso de armonización. Ello
no ocurre espontáneamente, al contrario, requiere construir un
conjunto de dispositivos: una red que se establece entre los
elementos que la componen, de manera tal de constituir una
especie de formación (como tal, dinámica) que, en determinado
momento histórico, tiene como función esencial responder al
devenir cotidiano. El dispositivo tiene, entonces, una función
esencialmente estratégica frente al conflicto.
Ante el equilibrio dinámico e inestable, propio de todo devenir
comunitario, resulta imprescindible buscar una “homeostasis”
(noción acuñada por el biólogo Claude Bernard) que otorgue
coherencia y continuidad al proceso. Esta dinámica dialéctica
exige superar el dualismo entre teoría y práctica mediante una
praxis transformadora capaz de articular y renovar ambos planos.
Para lograr la sincronización regular entre innovación, adopción
y rentabilidad podríamos referirnos a autores como Carlos Matus
y Karl Polanyi.
Así como para Matus la gobernanza estratégica asigna al Estado
una responsabilidad ineludible como garante intransferible en la
conducción del proceso social, esta no puede pensarse como una
capacidad homogénea ni neutral. La formulación estratégica exige
una apreciación crítica de la situación, que identifique
problemas, causas y actores en conflicto, y un diseño de cursos
de acción. La programación, la presupuestación y la
reorganización institucional no son actos técnicos, sino arenas
de poder donde se juegan prioridades.
Solo desde esta praxis el Estado puede orientar sin subsumir, de
manera tal que la economía sirva a la sociedad y no al revés.
Desde la perspectiva de Polanyi, lo económico está siempre
incrustado en relaciones sociales y políticas, la articulación
entre Estado y Mercado no puede pensarse como un equilibrio
entre esferas separadas, sino como una relación co-constitutiva.
El mercado autorregulado nunca fue un fenómeno espontáneo: se
asentó sobre un Estado sano que lo planificó, lo garantizó
jurídicamente y lo impuso como forma de organización social.
Pero ese mismo despliegue generó una reacción defensiva de la
sociedad, el “doble movimiento”, que obligó al Estado a limitar
los daños del mercado y reencuadrar la economía dentro de la
vida social. En esta clave, la cuestión no es optar por más
Estado o más mercado, sino definir qué instituciones saludables
hacen posible un mercado compatible con la reproducción social.
En el sector sanitario nos enfrentamos a un conjunto de
problemas que se desplazan como en un laberinto permanente. En
este laberinto conceptual nos enfrentamos a continuas
encrucijadas, que se nos presentan como dilemas -y no
problemas-, que requieren discernir y decidir.
Evoquemos, dentro de la historia de la medicina, a Paracelso que
abogaba por una terapéutica “verdadera y causal”, al mismo
tiempo que sostenía que “todo diagnóstico preciso contiene la
terapéutica”. Como señalaba el médico e historiador español
Pedro Laín Entralgo, el diagnóstico y el tratamiento no son
momentos meramente sucesivos, sino parte de un proceso en el que
el médico está siempre explorando posibilidades terapéuticas,
incluso más allá de lo conocido al momento.
La articulación entre Estado y Mercado, entonces, especial pero
no únicamente para el ámbito sanitario, requiere reconocer el
desajuste e innovar con responsabilidad, donde se conjuguen
valores ético-morales con intereses materiales que aseguren su
sustentabilidad. La discusión sobre realidad sanitaria y
viabilidad financiera suele quedar obturada por la denuncia
permanente de carencias dinerarias, cuando la verdadera
insuficiencia radica en la falta de conocimiento–comprensión y
de responsabilidad pertinente para conducir el sistema.
Más que recursos adicionales, se requiere una estrategia, una
táctica y una logística adecuadas, sostenidas en un coliderazgo
eficaz dentro de la gobernanza sanitaria. La viabilidad
financiera depende de políticas que no sean acciones
deshilvanadas, sino intervenciones coherentes diseñadas según
las necesidades reales y las particularidades de cada
territorio; de lo contrario, la vulnerabilidad del sistema
persiste porque no está pensado en función de su propia realidad
sanitaria. Para eso es necesaria la elaboración de programas
vinculados con agendas concretas y una estrategia indirecta de
esfuerzos graduales y sostenidos que logren momentos
transformadores.
En una realidad difícil por el sufrimiento, se impone un
pragmatismo obligado que responda a una estrategia hilvanada y
concatenada. Frente a la vulnerabilidad que genera la falta de
información veraz y oportuna, que evite sesgos interesados, es
imprescindible proponer un sistema de trazabilidad y monitoreo
de todas las acciones del sistema de salud -operaciones,
tratamientos, procedimientos y gestiones- que permita registrar,
seguir y evaluar cada intervención.
Sólo con un flujo confiable de datos, que lectores idóneos
permanentes puedan transformar en información útil, es posible
garantizar calidad, continuidad de cuidados y responsabilidad
institucional en todos los niveles.
Los avances informáticos actuales brindan una oportunidad
innegable en ordenar y jerarquizar dicho flujo, bajo una guía
profesional colegiada que priorice según decisiones éticas,
además de técnicas. La clave pasa por aprender a interpretar la
información disponible, cuestionarla y usarla con
responsabilidad.
Los datos (big data) se convierten en un nuevo lenguaje que
debemos saber leer, descifrar e interpretar con la indispensable
herramienta informática (algoritmos), pero sin caer en la
delegación moral que implica el desentenderse de su fabricación
y regulación.
En este sentido, la educación y la formación (médica en
particular y toda en general) no debe claudicar en el espíritu
crítico que busque apoyarse en herramientas como la Inteligencia
Artificial para avanzar en el conocimiento (teórico y práctico),
en lugar de cobijarse bajo esas facilidades desligándose de los
saberes acumulados y conjugados que podrían potenciar una
comunidad no sólo más desarrollada, sino también más humana.
| (*)
Doctor en Medicina por
la Universidad Nacional
de Buenos Aires (UBA).
Director Académico de la
Especialización en
“Gestión Estratégica en
organizaciones de
Salud”, Universidad
Nacional del Centro -
UNICEN; Director
Académico de la Maestría
de Salud Pública y
Seguridad Social de la
Universidad del
Aconcagua - Mendoza;
Director de la Comisión
de Ciencia y Tecnología
de la Universidad de
Concepción del Uruguay –
UCU. Coautor junto al
Dr. Vicente Mazzáfero de
“Por una reconfiguración
sanitaria pos-pandémica:
epidemiología y
gobernanza” (2020).
Autor de “Una vida plena
para los adultos
mayores” (2024); “La
Salud que no tenemos”
(2019); “Argentina
Hospital, el rostro
oscuro de la salud”
(2004-2018); “Claves
jurídicas y
asistenciales para la
conformación de un
Sistema Federal
Integrado de Salud”
(2012); “En búsqueda de
la salud perdida”
(2009); “La Fórmula
Sanitaria” (2003). |
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