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Obras Sociales


EL AÑO QUE VIVIMOS EN PELIGRO

Por el Dr. Carlos A. Espelt  (*)


A esta altura del año se supone que cabe un balance de los 11 o 12 meses pasados a la vez que se intenta programar algo para el año por venir. En lo que hace a nuestras OOSS de las leyes 23.660 y 23.661 lograron mantener un desempeño razonable a costa de esfuerzos significativos que las pusieron, si no en crisis si cuanto menos en situaciones de apuro.
Tironeadas por un lado por el incremento sin parar de los precios de los insumos que tienen que proveer, para las demandas de una masa de beneficiarios cada vez más ilustrados o incentivados a incrementar esa demanda, y por otro, por la disminución de cartera y el virtual estancamiento de los salarios -fuente de sus recursos- lo mínimo que se puede decir es que ha sido un año muy duro.
Súmese las presiones que ejerce la SSSALUD, entre otras cosas con un régimen de sanciones nuevas con multas extravagantes o con reiteradas demandas de incorporar más y más prestadores aun allí donde no hacen falta, a título de ejemplo, y se tendrá un umbral mínimo de la situación a este mes de diciembre 2025.
La disminución de la inflación, que en el período enero-octubre acumuló un 24,8% contrasta con el incremento salarial que para el mismo período el INDEC informa que ha sido 30,4%. Y del componente SALUD del IPC que INDEC fija en 22,7%, no sería de esperar una situación de crisis o de apuro. Algo falla entonces porque a primera vista parecería haber cierto equilibrio. Suponiendo que estos números son fiel reflejo de la realidad. ¿Cuál es el problema? O los problemas.
En primer lugar, como se dijo más arriba, la caída de carteras y por ende la disminución de aportantes, con un flujo cada vez mayor de trabajadores en relación de dependencia hacia la informalidad o al monotributo. Eso se debe a varios factores tal como cierre de em- presas, despidos, la falta de obra pública y a la apertura de la economía.
Asimismo, y más allá de lo que marca el INDEC, los precios de una variedad de medicamentos de altísimo costo en dólares desequilibran cualquier balanza. El sistema de OOSS no puede asumir tantas variables sin crujir. Así las cosas, las expectativas para 2026 no parecen muy buenas.
Las variables críticas serían la disminución de trabajadores en relación de dependencia, los bajos salarios, la proyectada baja de 1 punto en las contribuciones patronales, y el precio del PMO entre otras.
A octubre 2025, el precio del PMO rondaba entre 63 y 64 mil pesos, que equivale a un salario del orden de 700 mil pesos, pero esta estimación es para una persona sola. Como es PMO no se contempla el precio de las prestaciones que no están en él.
De modo que la comparación con el salario medio (el salario promedio en la Argentina en 2025 varía según la fuente, pero se sitúa alrededor de los $1.483.740 -octubre 2025- por otra parte, el grupo familiar primario oscila entre 2,9 a 3,19 personas como promedio, lo que quiere decir que dicho salario alcanzaría para cubrir algo más de 2 precios del PMO, valor que surge de detraer el 9% de aportes y contribuciones) no es una medida muy fiable.
No es de extrañar entonces que la diferencia o parte de ella recaiga sobre el gasto de bolsillo, que se estime en el orden de 100 mil pesos que, con la liberación del valor de los coseguros y copagos, esa cifra podría ser mayor.
La simpleza de estos cálculos quizás no refleje toda la realidad. De alguna manera las diferencias y el déficit recaen sobre los usuarios y eso no solo se expresa en el gasto de bolsillo sino en la probabilidad de una afectación en la salud por barrera económica a la accesibilidad, que difícilmente las OOSS pueden paliar más allá de los esfuerzos que realizan.
Otra variable es el precio de los medicamentos. Casi el 50% del total del PMO corresponde a medicamentos, y de ello también casi la mitad corresponde a medicamentos de alto costo. Como los demás precios de la economía, los precios de los medicamentos no están regulados ni parece que lo fueran a estar en un futuro cercano.
Esta variable aparece como un callejón sin salida a menos que se desarrollen políticas de medicamentos que, sin caer en la regulación de precios, los tornen más accesibles para la población general sin caer en el facilismo de derivar el problema a las OOSS el desarrollo de una política de medicamentos no parece estar en el horizonte político.
En este escenario, el factor cartera de beneficiarios es una variable que el sistema de OOSS no controla dado que depende de las fuentes laborales. En este sentido las OOSS “grandes” tendrían una ventaja comparativa frente a las de menor cartera, simplemente por una cuestión de escala.
Pero al mismo tiempo la desocupación produce mella en los aportes y contribuciones de todas y eso no tiene reemplazo a menos que se desarrollen políticas de empleos. La ya citada posibilidad de que disminuya la contribución patronal a las OOSS torna oscuro el panorama para el año próximo.
Así, las perspectivas para el 2026 no parecen halagüeñas. Las OOSS están obligadas a desarrollar programas preventivos de ciertas enfermedades prevalentes y a primera vista eso esta bien, al mismo tiempo que están obligadas a satisfacer casi la totalidad de la demanda, y eso constituye un problema. Extrañamente la norma de la SSSALUD establece que hay priorizar la atención de ciertas patologías. Si se priorizan atenciones alguien puede quedar sin prestaciones y eso no es admisible. Otro callejón sin salida.
Mención aparte, la atención a personas con discapacidad implica recursos importantes y un costoso sistema de gestión. Conviene recordar que las prestaciones educativas que establece la ley 24.901 quedaron en el sistema de salud por una decisión política del momento ya que el sistema de OOSS entendía que correspondan al área de Educación.
El otro gasto es transporte de personas con discapacidad; se entendió que correspondía al Ministerio de Transporte, pero quedó a cargo de las OOSS. Si las prestaciones de estos dos rubros fueran financiadas por las actuales Secretarías del ámbito sería un alivio para las finanzas del sistema y una mejora indudable de las prestaciones médico-asistenciales.
En síntesis, el sistema de OOSS no ha tenido un buen 2025 y, al menos, está en apuros para enfrentar el 2026 por las razones que se han expuesto más arriba y seguramente por otras más. La supervivencia del sistema o de algunos de sus integrantes depende más de factores exógenos que de su desempeño.
Esos factores exógenos están ligados a políticas que solo le incumben en la consecuencia de ellas, tal como la generación de empleo, política de medicamentos, baja de las contribuciones, etc. No se avizora en lo inmediato más que soluciones parciales, parches, a ciertos problemas, soluciones incompletas que hacen peligrar la atención de salud de los beneficiarios.

(*) Director Médico - Construir Salud (Obra Social del Personal de la Construcción – OSPeCon)
 

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