|
A esta altura del año se supone que
cabe un balance de los 11 o 12 meses
pasados a la vez que se intenta
programar algo para el año por
venir. En lo que hace a nuestras
OOSS de las leyes 23.660 y 23.661
lograron mantener un desempeño
razonable a costa de esfuerzos
significativos que las pusieron, si
no en crisis si cuanto menos en
situaciones de apuro.
Tironeadas por un lado por el
incremento sin parar de los precios
de los insumos que tienen que
proveer, para las demandas de una
masa de beneficiarios cada vez más
ilustrados o incentivados a
incrementar esa demanda, y por otro,
por la disminución de cartera y el
virtual estancamiento de los
salarios -fuente de sus recursos- lo
mínimo que se puede decir es que ha
sido un año muy duro.
Súmese las presiones que ejerce la
SSSALUD, entre otras cosas con un
régimen de sanciones nuevas con
multas extravagantes o con
reiteradas demandas de incorporar
más y más prestadores aun allí donde
no hacen falta, a título de ejemplo,
y se tendrá un umbral mínimo de la
situación a este mes de diciembre
2025.
La disminución de la inflación, que
en el período enero-octubre acumuló
un 24,8% contrasta con el incremento
salarial que para el mismo período
el INDEC informa que ha sido 30,4%.
Y del componente SALUD del IPC que
INDEC fija en 22,7%, no sería de
esperar una situación de crisis o de
apuro. Algo falla entonces porque a
primera vista parecería haber cierto
equilibrio. Suponiendo que estos
números son fiel reflejo de la
realidad. ¿Cuál es el problema? O
los problemas.
En primer lugar, como se dijo más
arriba, la caída de carteras y por
ende la disminución de aportantes,
con un flujo cada vez mayor de
trabajadores en relación de
dependencia hacia la informalidad o
al monotributo. Eso se debe a varios
factores tal como cierre de em-
presas, despidos, la falta de obra
pública y a la apertura de la
economía.
Asimismo, y más allá de lo que marca
el INDEC, los precios de una
variedad de medicamentos de altísimo
costo en dólares desequilibran
cualquier balanza. El sistema de
OOSS no puede asumir tantas
variables sin crujir. Así las cosas,
las expectativas para 2026 no
parecen muy buenas.
Las variables críticas serían la
disminución de trabajadores en
relación de dependencia, los bajos
salarios, la proyectada baja de 1
punto en las contribuciones
patronales, y el precio del PMO
entre otras.
A octubre 2025, el precio del PMO
rondaba entre 63 y 64 mil pesos, que
equivale a un salario del orden de
700 mil pesos, pero esta estimación
es para una persona sola. Como es
PMO no se contempla el precio de las
prestaciones que no están en él.
De modo que la comparación con el
salario medio (el salario promedio
en la Argentina en 2025 varía según
la fuente, pero se sitúa alrededor
de los $1.483.740 -octubre 2025- por
otra parte, el grupo familiar
primario oscila entre 2,9 a 3,19
personas como promedio, lo que
quiere decir que dicho salario
alcanzaría para cubrir algo más de 2
precios del PMO, valor que surge de
detraer el 9% de aportes y
contribuciones) no es una medida muy
fiable.
No es de extrañar entonces que la
diferencia o parte de ella recaiga
sobre el gasto de bolsillo, que se
estime en el orden de 100 mil pesos
que, con la liberación del valor de
los coseguros y copagos, esa cifra
podría ser mayor.
La simpleza de estos cálculos quizás
no refleje toda la realidad. De
alguna manera las diferencias y el
déficit recaen sobre los usuarios y
eso no solo se expresa en el gasto
de bolsillo sino en la probabilidad
de una afectación en la salud por
barrera económica a la
accesibilidad, que difícilmente las
OOSS pueden paliar más allá de los
esfuerzos que realizan.
Otra variable es el precio de los
medicamentos. Casi el 50% del total
del PMO corresponde a medicamentos,
y de ello también casi la mitad
corresponde a medicamentos de alto
costo. Como los demás precios de la
economía, los precios de los
medicamentos no están regulados ni
parece que lo fueran a estar en un
futuro cercano.
Esta variable aparece como un
callejón sin salida a menos que se
desarrollen políticas de
medicamentos que, sin caer en la
regulación de precios, los tornen
más accesibles para la población
general sin caer en el facilismo de
derivar el problema a las OOSS el
desarrollo de una política de
medicamentos no parece estar en el
horizonte político.
En este escenario, el factor cartera
de beneficiarios es una variable que
el sistema de OOSS no controla dado
que depende de las fuentes
laborales. En este sentido las OOSS
“grandes” tendrían una ventaja
comparativa frente a las de menor
cartera, simplemente por una
cuestión de escala.
Pero al mismo tiempo la desocupación
produce mella en los aportes y
contribuciones de todas y eso no
tiene reemplazo a menos que se
desarrollen políticas de empleos. La
ya citada posibilidad de que
disminuya la contribución patronal a
las OOSS torna oscuro el panorama
para el año próximo.
Así, las perspectivas para el 2026
no parecen halagüeñas. Las OOSS
están obligadas a desarrollar
programas preventivos de ciertas
enfermedades prevalentes y a primera
vista eso esta bien, al mismo tiempo
que están obligadas a satisfacer
casi la totalidad de la demanda, y
eso constituye un problema.
Extrañamente la norma de la SSSALUD
establece que hay priorizar la
atención de ciertas patologías. Si
se priorizan atenciones alguien
puede quedar sin prestaciones y eso
no es admisible. Otro callejón sin
salida.
Mención aparte, la atención a
personas con discapacidad implica
recursos importantes y un costoso
sistema de gestión. Conviene
recordar que las prestaciones
educativas que establece la ley
24.901 quedaron en el sistema de
salud por una decisión política del
momento ya que el sistema de OOSS
entendía que correspondan al área de
Educación.
El otro gasto es transporte de
personas con discapacidad; se
entendió que correspondía al
Ministerio de Transporte, pero quedó
a cargo de las OOSS. Si las
prestaciones de estos dos rubros
fueran financiadas por las actuales
Secretarías del ámbito sería un
alivio para las finanzas del sistema
y una mejora indudable de las
prestaciones médico-asistenciales.
En síntesis, el sistema de OOSS no
ha tenido un buen 2025 y, al menos,
está en apuros para enfrentar el
2026 por las razones que se han
expuesto más arriba y seguramente
por otras más. La supervivencia del
sistema o de algunos de sus
integrantes depende más de factores
exógenos que de su desempeño.
Esos factores exógenos están ligados
a políticas que solo le incumben en
la consecuencia de ellas, tal como
la generación de empleo, política de
medicamentos, baja de las
contribuciones, etc. No se avizora
en lo inmediato más que soluciones
parciales, parches, a ciertos
problemas, soluciones incompletas
que hacen peligrar la atención de
salud de los beneficiarios.
| (*)
Director Médico - Construir
Salud (Obra Social del
Personal de la Construcción
– OSPeCon) |
|