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El mundo del revés…
Muchos científicos en lugar de escribir sobre el futuro lo están
haciendo realidad, orquestando el mayor experimento no
controlado de la historia mediante “pruebas beta”. Las pruebas
beta son una fase crucial en el desarrollo de software o
productos, donde una versión casi final se entrega a usuarios
reales -de sus teorías- en poblaciones que no consienten
voluntariamente o no entienden lo que significa.
Hay una ironía cruel en ver cómo las ideas que una vez sirvieron
para desenmascarar al poder ahora son citadas por quienes lo
ejercen sin pudor. Han descubierto que los conceptos filosóficos
más refinados pueden convertirse en los instrumentos más
eficaces para remodelar el mundo según sus intereses.
Sin embargo, por mucho que se busque, no hay nada Adorniano (1)
en la “realpolitik para optimistas” que promueve. Es la Escuela
de Frankfurt condimentada con Nasdaq: allí donde Adorno y Max
Horkheimer veían la racionalidad de la “Ilustración” como un
velo que ocultaba la violencia. Además, hay mucho dinero que
ganar si se quiere contribuir a perfeccionar aún más su
organización, esta vez con la ayuda de algoritmos, drones e
inteligencia artificial.
Esta nueva especie, que Morozov llama “intelectuales-oligarcas”,
(2) está socavando la taxonomía bien ordenada a la que nos hemos
acostumbrado. Los magnates de la era industrial crearon
fundaciones dedicadas a su visión del mundo o financiaron
organizaciones sin fines de lucro. Los reyes-filósofos de
Silicon Valley han ideado híbridos mucho más corpulentos:
carteras de acciones que sirven de argumentos filosóficos,
posiciones de mercado que operacionalizan sus convicciones,
fondos de inversión que son también fortalezas ideológicas. (3)
Antes de que la teoría de los sistemas inflara su prosa y la
introducción de matices amortiguara su ira, el joven Habermas se
apresuró en señalar al culpable: la erosión del debate crítico y
transparente se debía a la influencia corruptora de la
concentración de poder. Y dio en el clavo. Pero, curiosamente,
en una actualización de su libro de 1962 publicada en 2023, el
aristócrata académico opta en cambio por detenerse en temas como
la “conducción por algoritmos”, más bien como alguien que se
afana en enderezar los marcos que cuelgan de las paredes de una
casa a punto de derrumbarse. (4)(5)
El principal peligro al que nos enfrentamos reside menos en las
plataformas dirigidas por algoritmos, que en los oligarcas que
las poseen.
¿Por qué? Porque tienen en sus manos tres instrumentos
mortíferos: la gravedad plutocrática (fortunas tan inmensas que
distorsionan hasta las propiedades físicas de la realidad), la
autoridad oracular (visiones tecnológicas presentadas como
profecías ineludibles) y la soberanía sobre las plataformas
(control de los foros donde tiene lugar la conversación
pública): todos han colonizado el medio y el mensaje (6), el
sistema y el “mundo vivido” de Habermas. (7)
Comencemos con la salud en
Sudamérica y en la Argentina
“La escuela es siempre un espacio político, aunque algunos se
esfuercen en ocultarlo o condenarlo. No se trata de una elección
o de una decisión. La escuela es un espacio inherentemente
político porque es la institución que las sociedades
democráticas consagran al ejercicio de un derecho tan esencial
que su garantía potencia, amplía y vuelve efectivos otros
derechos humanos fundamentales. Por eso, los conservadores
siempre desconfían de la escuela pública, la atacan y tratan de
desprestigiarla. Porque, ejerciendo su politicidad, la escuela
es un laboratorio de participación y de formación ciudadana. Un
espacio de construcción colectiva de la emancipación y de las
libertades humanas”. (8)
La Universidad es la continuación del ejercicio de la potestad
democrática. Allí se forman los profesionales de la salud. De
esa formación resultarán los engranajes que conformarán el
sistema de salud argentino. De la comprensión de cómo funciona
ese sistema serán entonces, actores activos o pasivos. Por esto
congelar su presupuesto es hundirnos en el pasado y eliminar el
ascenso de las clases medias.
Tenemos que agregar ahora el proyecto oprobioso de reforma de la
nueva Ley del Trabajo: un retorno al tiempo de la esclavitud,
eliminada de la legislación argentina en 1813 por la ley de
vientres. ¿Se los entrena de cómo funciona el sistema?
¿Comprenden los estudiantes de la facultad de medicina su rol en
la sociedad? (9)
La democracia argentina aún no ha resuelto las desigualdades que
reproduce el propio sistema de salud. Si bien la población en su
conjunto tiene la posibilidad de acceder a los servicios
ofrecidos por el sector público, aún persisten brechas
importantes y asignaturas pendientes, especialmente en lo
relativo a su calidad. Por un lado, el gasto total en servicios
de atención de la salud supera el 8,5% del PIB, uno de los
niveles más elevados de Sudamérica. Por el otro, existe una
deuda social con las poblaciones más pobres.
El
sistema de salud en la Argentina es uno de los más fragmentados
y segmentados de Latinoamérica. Está compuesto por los sectores
público, privado y del seguro social. Uno de cada tres
argentinos cuenta solo con el primero, que está conformado por
los ministerios nacionales, provinciales y municipales y la red
de hospitales y centros de salud que prestan atención gratuita a
toda persona que lo necesite.
El privado incluye a más de un centenar de entidades de seguro
voluntario llamadas empresas de medicina prepaga. Por último, el
seguro social obligatorio está organizado en torno a las obras
sociales, nacionales y provinciales, que es una cobertura solo
para los empleados registrados.
Cada una de las provincias retiene su autonomía en materia de
salud. A su vez, coexisten unas 300 obras sociales. La
desigualdad queda manifiesta cuando se observa que en la capital
del país hay 10,2 médicos y 7,3 camas por cada 1.000 habitantes,
frente a 1,2 y 1,1 respectivamente para la provincia de
Misiones.
El 100% de la población argentina, los ciudadanos, los residen-
tes, incluso las personas en tránsito, tiene derecho a atenderse
en cualquier establecimiento del sistema público del país. Pero
esto no significa que no existan barreras geográficas o
culturales que dificultan la atención oportuna. Tampoco
garantiza la calidad.
Existen diferencias muy importantes en los resultados entre las
provincias más pobres y las más ricas, Hay más clínicos que
especialistas y están mal distribuidos. Los recursos son
diversos y variados.
En la capital argentina, Buenos Aires, el 20% cuenta solamente
con el sistema de salud público. En los barrios del sur se
encuentra la mayor cantidad de personas cubiertas exclusivamente
por este, mientras que, en el norte, la mayor parte tiene obra
social o prepaga mediante contratación voluntaria.
Uno de los objetivos más importantes sería ampliar la
cobertura universal de salud con efectividad, equidad y calidad…
Esta estrategia tiene tres ejes: la cobertura territorial con
equipos de salud familiar; el fortalecimiento de los sistemas de
información como la historia clínica electrónica; la
construcción de estadísticas fiables y comenzar a definir entre
el ministerio nacional y las provincias cuáles son las
cuestiones en las que no están dispuestos a tolerar disparidades
sanitarias.
Los ejemplos internacionales muestran que los sistemas
universales de salud son los que mejor pueden resolver estas
problemáticas. Sin embargo, una reforma de ese tipo en nuestro
país chocará con un conjunto heterogéneo y poderoso de intereses
que incluyen a laboratorios farmacéuticos, empresas de medicina
prepaga, sindicatos, corporaciones de la salud, entre otros.
Por otro lado, los sectores de menores recursos son quienes en
menor medida realizan estudios y consultas médicas preventivas,
consultas odontológicas o consultas de salud mental. Como además
son los sectores con mayor carga de morbilidad, en muchos casos
se da la situación paradójica de que quienes más necesitan
utilizar los servicios son quienes menos lo hacen.
Las dificultades en el acceso se traducen en diagnósticos
tardíos, la falta de acceso a medicamentos en tiempo y forma,
los tiempos de espera para acceder a una cirugía, las
dificultades para acceder a algún tipo de tratamiento
oncológico… son todas formas en las que se manifiesta la
inequidad.
Sin embargo, se ha estimado que, para recuperar y poner los
hospitales en condiciones, será necesario sostener la inversión
durante por los menos ocho años, lo cual subraya la importancia
de contar con programas de inversión permanente.
Esto es algo que no se comprende bien: la inversión en
infraestructura posee ecuaciones matemático-físicas que fijan la
renovación de infraestructura en un tiempo dado y que si no se
hace el deterioro afecta a todo el sistema. Los algoritmos de
atención de los pacientes se alteran.
Enfermedades vinculadas a la
pobreza
La desigualdad en la salud de los argentinos también se puede
comprobar con la distribución de las enfermedades que
típicamente se ensañan con la pobreza, como la tuberculosis o el
mal de Chagas. En la Argentina se calcula que más de un millón y
medio de personas padecen este último, o sea, un 4% de la
población. (9)
Entre las distintas provincias también se observan profundas
desigualdades en relación con la tuberculosis. Salta, Jujuy y
Formosa tienen tasas de 47,8, 47 y 39,2 por cada 100.000
habitantes, más del doble de la media nacional.
La forma de lograr un menor impacto con estos males es
aumentando la inversión en prevención.
Es muy importante la detección temprana y democratizar el acceso
a la prevención: mantener el esquema de vacunación es
fundamental y el concepto erróneo de que hasta que no
fabriquemos acá las vacunas quizás no se importaran, nos costará
muy caro a los argentinos. Esto ya se expresa con los brotes de
sarampión y coqueluche, según nos informa la SAP (Sociedad
Argentina de Pediatría). Además de la falta de programas de
promoción de la vacunación, que descendió a su menor incidencia
histórica.
Impacto de la COVID-19 en la
Argentina
Nuestro país tuvo una estrategia adecuada para la emergencia. Se
materializó a través de una cuarentena estricta y prematura,
cuando aún no había vacunas. Se fortaleció el número de camas de
internación sobre todo las de UTI con el monopolio estatal de
distribución de respiradores. Esto redundo en una equitativa
política en este aspecto. También la población estuvo a la
altura de los acontecimientos.
La llegada de vacunas y su inoculación prematuramente fue un
acierto de la conducción sanitaria, pese a los agoreros y
antivacunas, que sin fundamentos científicos se opusieron a la
estrategia, la oposición por la oposición misma. Las
manifestaciones en contra de la política sanitaria lindaron con
el ridículo y no hay que olvidarlas.
Impacto económico de la COVID-19
en Sudamérica
La región ha soportado el 28% del total de muertes por COVID-19
en el mundo, pese a que sus habitantes sólo represen- tan el
8,4% de la población mundial. Desde el comienzo de la pandemia,
el número de personas que viven en la pobreza representa 14
millones mayor que en 2019.
América Latina y el Caribe fue la región que experimentó el
descenso más drástico del empleo desde 2020. Las mujeres, las
personas jóvenes y las personas que trabajan en el sector
informal han sido las más afectadas.
Casi el 60% de los niños que perdieron un curso escolar completo
en el mundo estaban en Sudamérica. 44 millones de personas
pasaron a sufrir inseguridad alimentaria, de los cuales 21
millones se hallaban en situación de inseguridad alimentaria
severa. (10)
La COVID-19 agravada por la
desigualdad
La región de Sudamérica sigue siendo la más desigual del mundo.
En 2022, el 20% de las personas más ricas de la población
concentraba casi la mitad del total de ingresos, mientras que el
20% más pobre disponía de menos del 5% de ese total. El 1% de
las personas más ricas de la región concentra casi la cuarta
parte del total de ingresos.
Existe una relación entre los niveles de ingresos más altos, la
desigualdad y el impacto de la pandemia en términos de pérdida
de vidas. Los países más desiguales de la región (como Perú,
México, Brasil, Chile, Colombia y Paraguay) tuvieron cifras muy
altas de muertes por Covid-19 por millón de habitantes.
En 2019, el 30% de los hogares de la región eran considerados
hogares hacinados. El 50% de los hogares de personas que vivían
en la pobreza tenían condiciones de hacinamiento. Menos de un
tercio de los hogares vulnerables tienen acceso a una
computadora en casa.
Respuestas de protección social y
salud durante la COVID-19
En 2019, sólo el 47,2% de las personas empleadas estaban
afiliadas o contribuían a sistemas de pensiones. Una de cada
cuatro personas de más de 65 años no percibía una pensión. En la
mayoría de los países de América Latina y el Caribe, las medidas
de protección de emergencia social adoptadas cubrían a menos de
dos tercios de la población.
Un total de 64 programas de transferencias monetarias se
implementaron en 24 de los 33 países. Sin embargo, más de la
mitad de las intervenciones beneficiaron directamente a menos
del 10% de la población, y consistieron en transferencias de
ingreso inferiores al salario mínimo mensual.
En América Latina y el Caribe, el 30% de la población no tiene
acceso a atención de la salud pública gratuita debido a la falta
de cobertura de seguro de salud. Exceptuando Cuba, cuyo sistema
es de cobertura universal y gratuita.
Ningún país de la región de América Latina y el Caribe amplió el
seguro de salud o habilitó un seguro de emergencia durante la
pandemia. Excepto Argentina, Cuba y Uruguay, ningún otro país de
la región gasta el 6% de su Producto Interno Bruto (PIB) en
salud pública, cantidad ésta considerada mínima para asegurar la
atención de la salud universal establecida por la Organización
Panamericana de la Salud. Además, la cobertura de salud en
Argentina es universal. (11)
Fiscalidad y desigualdad en
América Latina y el Caribe
Los países de América Latina y el Caribe recaudan menos
impuestos en porcentaje del PIB que los países con un nivel de
desarrollo semejante. Por término medio, la región sólo recauda
el 22% del PIB en impuestos, frente al 33% de los países de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE).
En América Latina y el Caribe, la recaudación depende en gran
medida de los impuestos indirectos, como son los que gravan el
consumo, que afectan de forma desproporcionada a los sectores de
ingresos bajos y otros grupos que están sobrerrepresentados
entre las personas pobres.
El sistema impositivo es de carácter regresivo y castiga por
igual a pobres y ricos: por ejemplo, el IVA. (12) En 2022, los
países de la región recaudaron, por término medio, el 46% de sus
ingresos totales mediante impuestos indirectos, frente a sólo un
tercio de los impuestos directos.
La evasión fiscal en América Latina y el Caribe ha dado lugar a
la pérdida de cientos de miles de millones de dólares de
ingresos públicos. En 2022, los países de América Latina y el
Caribe per- dieron aproximadamente 350.000 millones de dólares,
el 6,1% del PIB de la región. (13)(14)
Esta cantidad sería suficiente para cubrir los recursos mínimos
destinados a asegurar la salud universal en la región. Se
calcula que los países de América Latina y el Caribe pierden
anualmente 40.100 millones de dólares debido a fraude tributario
de las empresas. Se estima que con los ingresos que se han
perdido en los últimos 10 años, la región podría haber
garantizado el acceso a agua potable de 492.632 personas o haber
impedido la muerte de 42.281 niños.
La propuesta es que pensemos distinto, que la fragmentación en
aumento nos conduce a un precipicio donde pierden todos.
Asimismo, la OMS visualiza los distintos actores que lo componen
al explicar que “sistema es el conjunto de todas las
actividades, oficiales o no, relacionadas con la prestación de
servicios de salud a una población determinada, que debe tener
acceso adecuado a la utilización de dichos servicios. Integrado
por todo el personal de la salud disponible, los procedimientos
de formación de este tipo de personal, las instalaciones
sanitarias, las asociaciones profesionales, los recursos
económicos que por cualquier motivo u origen se pongan al
servicio de la salud y el dispositivo oficial y no oficial
existente”.
Y añade que “todo este conjunto debe armonizarse en un sistema
homogéneo que permita utilizar los recursos habilitados para el
logro de la máxima satisfacción de los objetivos prefijados:
garantizar el derecho a la salud no sólo como un derecho humano
y universal, sino como un recurso para el desarrollo social,
económico e individual de una persona y de su comunidad”. (15)
Bibliografía:
1. Theodor Ludwig Wiesengrund Adorno; (11 de septiembre de 1903
- 6 de agosto de 1969) fue un filósofo, musicólogo y teórico
social. Fue un miembro destacado de la Escuela de Frankfurt de
Teoría Crítica.
2. Del pensamiento a la acción-tecno-oligarcas/ Reimaginando la
socialdemocracia para el siglo XXI. Evgeny Morozov. /Harvard
Press /2024.
3. Los grandes logros socialdemócratas del siglo XX... / Por
Evgeny Morozov/Harvard Press/2025
4.5. Revista de las Cortes Generales N.º 117, Primer semestre
(2024): pp. 383-394/HABERMAS, J. (2023). A new structural
transformation of the public sphere and deliberative politics.
Cambridge: Polity Press.
6. The global village/Marshall McLuhan & Bruce Powers/New York
University Press/1989.
7. La Crisis del Estado - Providencia y el agotamiento de las
energías utópicas/Jürgen Habermas/Instituto Cervantes/Cuadernos
del pensamiento/Madrid/2020.
8. Pablo Gentili. Despreciar la vida. El país. Septiembre 2018.
9. Dr. Mauricio Klajman. El sistema de salud argentino. Revista
Médicos. 2024.
10. Informe del INDEC/2020.
11. CEPAL/2020.
12. Liliana Chertkoff. Conversaciones. 2024.
13. Tomas Piketty. El capital en el siglo XXI. 2020.
14. Tomas Piketty. Una breve historia de la igualdad. 2023.
15. Organización Mundial de la Salud /Geneve/Declaración de la
Presidencia
| (*) Docente libre - Departamento de
Salud Pública y Humanidades Médicas - Facultad de
Medicina/UBA. |
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