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 Columna

    
BALANCE DE FIN DE CICLO:
CUATRO AÑOS DE MINISTERIO DE SALUD

Por el Dr. Adolfo Sánchez de León (*)


La gestión del Ministerio de Salud de la Nación del gobierno saliente estuvo signada en los primeros dos años por el manejo de la pandemia. La crisis que significó esta pandemia pudo haber significado una oportunidad de realizar cambios profundos en el sistema de salud. Sin embargo, la pandemia pasó y no se aprovechó para fortalecer al Ministerio en sus funciones básicas ni para ir estableciendo los cimientos para una posible reforma del sector.
La expectativa al recrear el Ministerio (que había sido integrado a Desarrollo Social en la gestión anterior) y en el contexto justamente de esta crisis, era incrementar la rectoría y la gobernanza para superar dos problemas crónicos de nuestro sistema: la fragmentación y la segmentación con sus principales consecuencias: la ineficiencia y fundamentalmente la inequidad en el acceso.
Al mal manejo de la pandemia, se le sumo la incapacidad de los funcionarios para generar cambios profundos a fin de fortalecer el ministerio para próximas crisis y para mejorar el sistema.
Podríamos resumir la gestión del Ministerio de estos últimos cuatro años con los siguientes ítems:

Un manejo político y no sanitario de la crisis

Como hemos afirmado en anteriores artículos publicados en esta misma Revista, la mayoría de las decisiones sobre la pandemia no tuvieron un carácter sanitario, sino que fueron realizadas con criterios netamente políticos. Se tomaron decisiones mirando encuestas y análisis de Big Data sobre el humor de la población y la variación en la imagen positiva del gobierno y sus funcionarios.
Ejemplo de ello fueron el vergonzoso manejo del cierre de las escuelas, el decreto del confinamiento social obligatorio en tiempos tan tempranos y la posterior flexibilización de esta en una etapa clara de aumento de la pendiente de la curva (o sea, en el peor momento que se podría haber elegido para adoptar esta medida de relajación). Estas decisiones fueron adoptadas mirando encuestas de imagen del gobierno y no con un criterio sanitario.

Falta de transparencia

El manejo de la pandemia fue muy poco transparente. Aún hoy esperamos se explique por qué no se comenzó a vacunar con la vacuna de Pfizer y sí con la Sputnik, por qué existieron vacunatorios VIP en desmedro de respetar el cronograma aprobado por el propio ministerio, la elección y compra de ciertos kits diagnósticos en desmedro de otros, el mal manejo de la información epidemiológica, el manejo político de los vacunatorios y de la campaña de vacunación en general.
Esta falta de transparencia trajo aparejada una crisis de credibilidad en las autoridades políticas y sanitarias. Estas circunstancias, no solo afectaron el manejo de la pandemia, sino que dejó una desconfianza al accionar futuro en otras crisis que pudieran ocurrir.

Inexistencia de políticas de reforma

Muchos procesos de reforma en diferentes países se dieron luego de profundas crisis. Se podría haber aprovechado esta crisis para pensar y desarrollar cambios en el modelo de salud. Fue una nueva oportunidad perdida.
No se plantearon propuestas de reformas al modelo de financiamiento ni de atención del sistema, aún cuando la salud, quizá por primera vez, encabezo el ranking de preocupaciones de la población. El sistema se encuentra totalmente debilitado y sus problemas crónicos agravados.

Debilitamiento de funciones básicas del Ministerio

No solo no se aprovechó para mejorar áreas fundamentales que cualquier ministerio debe fortalecer, sino que por el contrario al final del día, se debilitaron. Ejemplo de ello son las áreas de vigilancia epidemiológica y la de sanidad de fronteras.
Si analizamos indicadores de cobertura vemos con profunda preocupación porcentajes bajísimos en la cobertura de muchas vacunas. La tremenda epidemia de dengue que se produjo en forma concomitante a la pandemia nos muestra también la debilidad del área de epidemiología de generar rectoría en ese tema.

Ausencia de una política integral de medicamentos

Tampoco el ministerio generó una política integral de medicamentos. Los precios de estos escalaron muy por arriba de la inflación. Los intentos de regularlo a partir de diferentes resoluciones con una política de precios máximos fue un fracaso rotundo. Cuando finalizaban esos acuerdos los precios volvían a dispararse por encima de la inflación acumulada.

La postpandemia

Pasada la pandemia el Ministerio de Salud fue casi inexistente en plantear algún tipo de política sanitaria que al menos mejore algunos aspectos del sistema. La crisis inédita de los recursos humanos en salud nos debería preocupar profundamente. El sistema con un gasto elevadísimo medido en porcentaje del PBI, inexplicablemente esta desfinanciado en muchísimos sectores.
La fragmentación y la inequidad siguen profundizándose. Los costos de los medicamentos siguen elevándose a cifras astronómicas e impactan en una población con un 45 % de pobreza. Ya muchos médicos de prepagas y OOSS cobran por fuera de lo acordado con los financiadores y esto también impacta en la pobreza. El acceso se restringe cada vez más. La situación es alarmante.
La gestión saliente nos ha dejado un sistema empobrecido con un ministerio debilitado en un contexto económico y social de profunda crisis. Habrá que poner objetivos claros y trabajar mucho para que la salud no siga cayendo al precipicio y se produzca un colapso del sistema.

 

(*) Médico Especialista en Salud Pública - Secretario general del Grupo PAIS


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