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 Debate

    
PANDORA Y LOS LÍMITES DE LA TENTACIÓN EN SALUD
 
Por
el Dr. Sergio Horis Del Prete (*)


El Gobierno nacional está por abrir una “Caja de Pandora”. Esta expresión, basada en la mitología griega, significa iniciar una acción o situación que, aunque pueda parecer pequeña o curiosa, desencadena una serie de problemas, consecuencias imprevistas o desdichas que son casi imposibles de revertir.
¿Cuál es la caja en cuestión? El Programa Médico Obligatorio o PMO, que fuera creado para garantizar a la población el acceso universal e igualitario a una canasta básica de prestaciones de salud (consultas, estudios, cirugías, medicamentos y tratamientos de alta complejidad y costo) que deben cubrir obligatoriamente las Obras Sociales nacionales y las Empresas de Medicina Prepaga.
Formalmente iniciado en 1996 por Resolución 247 del Ministerio de Salud de la Nación, procuraba asegurar el acceso a servicios de prevención y atención médica, evitando asimetrías y alineando el modelo financiador con el prestador. En 2002, cuando el financiamiento de las OSN entró en crisis y gran parte de la población quedó desprotegida durante la crisis económica, se restructuró como de Emergencia garantizando el acceso a prestaciones básicas sin períodos de carencia ni exámenes de admisión.
Modificar el PMO pondría al Sistema de salud argentino frente a uno de los debates más trascendentes y sensibles de los últimos años. El Ministerio de Salud nacional analiza aplicar cambios al mismo, sobre los cuales aún no hay ninguna información de lo que se pretende suprimir, sustituir o reemplazar y con que profundidad.
La discusión que sobrevendrá tras los posibles cambios no será menor, ya que en ese punto se juega buena parte del acceso cotidiano de millones de argentinos a millones de prestaciones. El principal argumento que ha empezado a tomar fuerza en el sector privado surge de una verdad revelada y contundente: los costos suben en forma geométrica, las cuentas no cierran y -lo más importante- no hay plata.
Desde las Obras Sociales y las aseguradoras privadas, se ad- vierte que, a partir de la caída del aporte desde el salario y el ingreso de bolsillo de las personas, el esquema de financiamiento para cubrir el costo del PMO quedó desfasado. La mayoría de las Obras sociales no llegan con sus recursos a financiarlo, atravesadas por una medicina cada vez más cara, mucho más tecnológica y altamente demandante de recursos.
A esto se suma otro dato preocupante: cada vez es mayor el número de personas que pierden o abandonan su cobertura privada y terminan recurriendo al uso del de por si colapsado sistema público de salud. Es decir, mientras el sector prestador privado denuncia asfixia financiera, los hospitales públicos continúan recibiendo una presión creciente de pacientes que ya no pueden garantizar su cobertura con la Obra Social que les ha tocado por rama de actividad o pagando una prepaga.
Sin embargo, hay un punto del que se habla mucho y se cuestiona poco, porque su lógica ya resulta ser una verdad incómoda: la judicialización de la salud y los conflictos de interés que le dan lugar. En los últimos años aumentaron geométricamente los amparos de pacientes que reclaman medicamentos y nuevas terapias sin efectividad demostrada o poco contrastada o intervencionismos de muy alto costo.
Y detrás de cada amparo existe una indicación o prescripción que se fundamenta en la asimetría de información, donde además el juicio profesional esta indebidamente influenciado por un interés secundario contrario al interés común.
Los médicos diferimos mucho respecto de lo que estimamos resulta ser un conflicto de interés. Y como en general frente a muchas situaciones problemáticas y conflictivas las consideraciones al respecto son incompletas y no existe una metodología para verificarlas, la seguridad de su no existencia resulta incierta. Por el lado de los financiadores, los fallos judiciales sin la debida justificación técnica, económica ni bioética se considera que han terminado por romper por completo el delicado equilibrio económico del sistema.
En este complejo contexto, donde también muchas prestaciones incorporadas por ley a lo largo del tiempo y sin financiamiento explicito contribuyeron a desequilibrar el financiamiento de un PMO en permanente expansión, el Gobierno estudia introducir criterios más estrictos respecto de definir qué prestaciones y con que garantías deben quedar conceptualmente bajo cobertura obligatoria. Incluso ha llegado a trascender la posibilidad de reducir significativamente la cobertura de cierta cantidad de medicamentos y prácticas incluidas actualmente en el PMO.
El debate recién empieza, aunque en realidad viene madurando desde hace tiempo. De un lado, las empresas y obras sociales advierten que el modelo actual es inviable si no se revisan costos, aportes y obligaciones. Del otro, aparece la preocupación central de los pacientes: que una eventual reforma termine significando menos cobertura, más gasto de bolsillo y mayores barreras para acceder a tratamientos.
Lo que está en juego no es apenas una reforma silenciosa basada en cuestiones de tipo administrativo. Se trata de una definición central y profunda respecto de hasta dónde debe llegar la cobertura obligatoria en la Argentina para trabajadores activos registrados o asegurados privados, si alcanzará al sector público y al PAMI, quién pagara los tratamientos de alto costo independientemente de su efectividad real, y cómo se sostiene un sistema que -inmerso en una fenomenal puja distributiva- muestra señales claras de profundo agotamiento.
Mientras los actores económicos y corporativos que componen el mercado sanitario (laboratorios farmacéuticos, proveedores de tecnología y dispositivos implantables, médicos y demás profesionales) siguen de cerca cada movimiento para ver como atenderán su juego en un nuevo escenario aun desconocido, el problema más complejo quedará para los pacientes si cualquier modificación del PMO llega a cambiarles - de manera directa - no solo la cobertura de su enfermedad sino también su economía en caso que lo que aumente sea el gasto de bolsillo.
Dice el mito original que al cerrar el recipiente con premura, asustada al ver lo que había hecho producto de su tentación, Pandora dejó atrapado en el fondo de la caja el único “bien” de los dioses: la esperanza. Que no sea lo último que lleguen a perder los pacientes.


(*) Mg. PhD - Director de la Catedra Libre de Análisis de Mercados de Salud. Universidad Nacional de La Plata. Argentina

 
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