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Obras Sociales


LA SALUD CON EL DIARIO DEL LUNES

Por el Dr. Alfredo Stern (*)


Tal como decíamos, pasadas las elecciones de medio término y teniendo en cuenta que hubo comentaristas que pronosticaron caos y catástrofes indescriptibles para el día después, nada de eso pasó. Seguimos vi- viendo y trabajando como todos los días, la gente siguió con sus rutinas y con la cercanía de las fiestas preparándose como siempre. O sea, poco cambió y esto puede ser una buena o una mala noticia según la particular situación de quien lo disfruta, lo sufre o lo observa.
Pero con cierta seguridad se puede afirmar que poco cambiaron las perspectivas de mejora para el sector salud. Si nos referimos a lo que nos tocó vivir en el curso de este año, quienes pertenecemos al sistema sabemos que no ha sido de los mejores que hemos pasado, al menos si contamos desde la vuelta de la democracia. ¿Por qué decimos esto? Porque como nunca se han estresado los componentes del sistema, los pacientes, las instituciones, el financiamiento, los trabajadores y los productores de bienes y servicios de nuestra actividad.
Veamos de a uno. El nivel de demanda ha crecido y junto con él, la disconformidad con la calidad de la respuesta a las necesidades de amplios sectores de la población. Como nunca han arreciado las demandas por servicios y prestaciones, tanto razonables como apartadas de toda lógica y criterio científico demostrado. Es justo reconocer que nunca hemos querido o podido explicar a la gente que no todo es bueno, que no podemos tener todo y que la atención de salud no es gratis, ni posible sin dinero, sin racionalidad y sin esfuerzo personal.
Además, se empieza a notar lo que veníamos afirmando desde hace tiempo. Que la transición epidemiológica comienza a preocuparnos. En los centros urbanos aumenta el número de personas mayores y gran número de ellos no pueden sustentarse y no solo es un problema actual, sino que será peor a corto y mediano plazo. Los jóvenes, en especial de clases media, demoran la decisión de tener hijos, ya sea porque no quieren tenerlos o porque esperan consolidar- se en sus actividades y postergar la maternidad para el futuro. Doble carga para la sociedad y el sistema de salud.
La maternidad tardía implica menor natalidad y además mayores costos por la necesidad creciente de recurrir a fertilización medicamente asistida. Es un fenómeno visible, en especial en zonas urbanas el aumento de las personas que, en lugar de tener hijos, adoptan una mascota.
Sobre las instituciones, los cambios y esa presión no han podido ser soportadas por dificultades de todo tipo y en especial económicas para hacerlo.
En los últimos años se ha acentuado un ajuste en el perfil prestacional del sistema privado. Las instituciones que brindan servicios de salud se diferencian en dos grupos. A grandes rasgos por un lado se verifica la concentración de recursos en redes, lo que permite economías de escala, muchas veces con cartera propia y con capacidad de resolución dentro de su red. En otro grupo, están las empresas medianas y chicas que tratan de subsistir gracias al esfuerzo de quienes las gestaron. Un caso especial es el cierre de maternidades asociado a la caída de la natalidad y el alto costo de mantener servicios de obstetricia y neonatología sin una demanda suficiente por las razones que antes dijimos. Ambas tienen los mismos problemas, costos crecientes, imposibilidad de traslado a precios, carga impositiva y dificultades a la hora de incorporar, personal calificado, tecnologías y las mejoras necesarias.
Por supuesto en este aspecto los que más están sufriendo el momento son los trabajadores del sistema. Prueba de esto son los cambios que se están profundizando y haciendo cada vez más visibles. Los profesionales y no profesionales han perdido capacidad adquisitiva de tal magnitud, que los llevan a buscar otros horizontes. Los bajos ingresos desalientan la cobertura de vacantes en especialidades como medicina general, clínica, pediatría o atención de emergencias en unidades móviles.
En síntesis; todos los trabajadores del sistema de salud se sienten no reconocidos económica y anímicamente por lo prolongado de su formación, la responsabilidad de sus actos, el esfuerzo físico y anímico y el desgaste que sufren. Y muy en particular cuando comparan sus ingresos con los que se perciben en otras actividades. Algunos se van del país, otros directamente abandonan la profesión.
Llegamos al punto crítico, el financiamiento de la atención de salud y nos preguntamos qué pasó.
Simplemente una tormenta perfecta. La aceleración de la innovación tecnológica ha traído progresos inimaginables pocos años atrás y pretendemos que sean aplicados racionalmente y a todos los casos que correspondan. Pero nos cuesta entender cuánto y cómo debemos y podemos pagar por medicamentos e insumos de altísimo precio. El problema es que ese precio está disparado y no puede financiarse sin los recursos suficientes.
Por otra parte, qué pasó con el dinero disponible. Es simple. Sin dinero no hay salud. En especial para la seguridad social y también la medicina privada. La fuente de ingresos se genera y es función de los salarios, si estos son bajos y el nivel de la economía informal es enorme, es imposible sustentar sólo con estos recursos, la atención de la salud sin los problemas que hoy existen.
Por eso en este tema surge la preocupación por la posibilidad que el financiamiento solidario a partir de los salarios se vea afectado por las reformas presentadas y se agrave aún más la economía del sistema. Entonces qué podemos esperar y desear para los tiempos venideros. En primer lugar, que se consolide la democracia con actores probos, racionales y que antepongan sus deberes y los compromisos asumidos al jurar por sus cargos, a las apetencias personales. Que podamos explicar a la sociedad qué salud queremos y podemos tener con los recursos que pongamos a disposición de este fin. Que defendamos y valoremos a quienes nos atienden y nos cuidan, simplemente porque además de ser su función, es casi seguro que los vamos a necesitar en algún momento de nuestras vidas.

(*) Director Médico de OSPSA (Obra Social del Personal de la Sanidad Argentina). 
 

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