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Veníamos de
una situación extremadamente
crítica: la crisis del 2001, signada
por la devaluación, la inflación, la
circulación de patacones y una
desocupación creciente. El hambre de
aquellos tiempos tuvo como
contrapartida la emergencia de
comedores, merenderos comunitarios y
el trueque. La gente podía,
eventualmente, acceder de forma
gratuita a la consulta en los CAPS y
los hospitales públicos, pero no
podía comprar los medicamentos. Esto
afectaba especialmente a los más
pobres -el primer quintil de
ingresos-, ya que para ellos el
remedio representaba el gasto más
importante después de la comida. Yo
lo palpaba directamente: en ese
momento era Secretario de Salud de
un municipio y la crisis era tan
profunda que no teníamos
medicamentos para ofrecer a la
gente.
Por eso, me entusiasmó muchísimo
cuando Federico Tobar me propuso, en
febrero de 2002, incorporarme al
equipo que debía elaborar un
proyecto con objetivos claros:
asegurar el acceso a medicamentos
esenciales a la población sin
cobertura de salud, fortalecer el
modelo de APS y promover políticas
saludables con gestión
participativa. Este proyecto, que
luego se convertiría en el Programa
Remediar, y la Ley de Genéricos (Ley
25.649), fueron las dos caras de una
misma moneda para mejorar el acceso
de la población a los medicamentos:
una para el sector público mediante
el acceso gratuito y otra para el
mercado a través de la regulación de
precios.
Era un proyecto muy ambicioso,
gestado en el marco del DNU de
Emergencia Sanitaria Nacional
(486/2002) y con financiación del
BID, producto de la reconversión del
PROAPS (Programa de Reforma de
Atención Primaria de la Salud).
La
“Cocina” del proyecto
Originalmente, el programa se iba a
llamar GENAPS (Programa Nacional de
Universalización del Acceso a
Medicamentos - Subprograma de
Medicamentos Genéricos para la
Atención Primaria de la Salud), pero
Limeres del gabinete de Ginés
González García, nos propuso
utilizar un nombre que resultara más
empático: REMEDIAR.
Conformamos un equipo excelente
conducido por Federico Tobar y
Graciela Ventura, no voy a
nombrarlos a todos y a todas porque
no quiero olvidarme de ninguno, pero
saben que los y las tengo en el
corazón.
Lo primero que se definió fue que la
compra de los medicamentos se haría
de forma centralizada por licitación
para obtener los costos más bajos.
Asimismo, se determinó que los
medicamentos se distribuyeran solo y
directamente en los Centros de Salud
para fortalecer la APS y mejorar el
acceso en el territorio,
consolidando al CAPS como la puerta
de entrada al sistema de salud.
Los medicamentos se distribuirían en
botiquines (cajas), inspirándonos en
la terminología que la OMS daba a
los botiquines de emergencia, pero
con una diferencia fundamental: no
se calcularían por la población del
área programática, sino por la
cantidad de consultas efectivamente
realizadas en cada CAPS. El objetivo
era evitar el envío de medicación a
servicios que no brindaban una
atención adecuada, lo que generó una
controversia inicial con la OPS que
finalmente terminaron aceptando. Fue
una decisión política de
centralización de la compra y la
logística para garantizar la entrega
oportuna del botiquín en todos los
CAPS del país.
Recuerdo que los primeros expertos
en logística que consultamos nos
advirtieron que el costo de
distribución sería igual o superior
al valor de cada botiquín. Sin
embargo, no fue así: la licitación
para contratar al operador logístico
responsable del armado, impresión de
formularios y recetarios,
distribución y seguimiento, resultó
ser menor al 5% del valor de los
medicamentos.
Definición técnica y selección
racional
Para definir el contenido del
botiquín no recurrimos a cálculos
teóricos. Analizamos las patologías
más frecuentes en la consulta
ambulatoria de establecimientos
públicos con sistemas de información
digitalizados (tomando como base la
atención ambulatoria del Hospital V.
L. y Planes de G. Rodríguez),
análisis que fue validado por la
DEIS. La selección bajo la lógica de
selección racional se basó en la
premisa de que es más efectivo
adquirir, distribuir y controlar un
número limitado de fármacos.
Del total de los motivos de
consulta, los primeros 46 resultaron
representar el 82% del total. Una
vez identificadas las patologías
causantes, se seleccionaron los
medicamentos necesarios y la
proporción de cada uno según su
prevalencia. Se definieron 56 formas
de presentación, según la
clasificación de drogas por grupo
terapéutico (ATC) y traducidas a
Dosis Diarias Definidas (DDD). Se
distinguieron tres grandes grupos
terapéuticos:
a) Antibacterianos y
antiparasitarios.
b) Suplementos vitamínicos.
c) Medicamentos de uso crónico.
Se armaron los Esquemas Terapéuticos
(basados en el modelo del PROMIN de
patologías trazadoras y sus
tratamientos), ordenados
alfabéticamente por enfermedades o
problemas de salud frecuentes y con
su respectiva codificación según la
Clasificación Estadística de
Problemas de Salud en Atención
Primaria (CEPS-AP).
En paralelo, apoyamos a la Comisión
Nacional en la terminación y
publicación de la CEPS-AP
(Ministerio de Salud de la Nación y
OPS), la cual fue fundamental ante
la vacancia que tenía la OMS en 2002
respecto al primer nivel de
atención. Para cada problema de
salud, la clasificación contenía:
a) Medidas de tratamiento
generales.
b) Medicamentos genéricos incluidos
en el botiquín Remediar.
c) Formas de presentación.
e) Dosificación recomendada para
niños y adultos.
Los botiquines se armaron con 300
tratamientos completos de acuerdo
con el esquema terapéutico. Venían
en envases rotulados con el nombre
genérico, el logo del Programa
Remediar, la leyenda “prohibida su
venta” y el nombre del laboratorio
productor en un costado. Estaban
preparados para atender la demanda
mensual de una población de 1800
personas, con una tasa de 2
consultas/año en un CAPS que tuviera
20 horas semanales de atención
médica. Se había calculado, mediante
búsqueda bibliográfica, que el
porcentaje de prescripción era del
60% de las consultas, con un
promedio de 1.6 medicamentos por
receta. Asimismo, se definieron los
instrumentos de registro para
facilitar la prescripción a los
profesionales y las planillas de
control de stock.
Implementación y resistencia
política
En la primera reunión con los
Ministros, estos cuestionaron la
distribución directa a los CAPS, ya
que querían recibir la medicación en
sus propios depósitos para
distribuirla ellos mismos.
Una vez que aceptaron, criticaron la
selección pro- visoria de
medicamentos. Se realizó entonces
una jornada nacional con los
responsables de medicamentos de
todas las provincias y sus asesores;
lo llamativo fue que, aunque al
inicio todos opinaban que la
selección no era correcta, al final
del plenario las conclusiones
mantuvieron el esquema original.
También tuvimos observaciones de la
OPS, que finalmente solo cambió dos
presentaciones, y del BID, que envió
un grupo de expertos que no modificó
nada.
A pesar de estos obstáculos
iniciales, las licitaciones se
concretaron y la distribución de
botiquines se inició el 21 de
octubre de 2002, marcando un tiempo
récord de implementación.
Capacitación, sensibilización y
control social
Se apostó por un modelo de
sensibilización en cascada y
capacitación en servicio (aunque en
los términos de referencia
originales del Programa no figuraba
el término “capacitación”). Se
realizaron reuniones de
sensibilización donde una autoridad
del Ministerio de cada provincia y
de cada Municipio hacía la
presentación del programa y nuestro
equipo acompañando para aclarar
dudas; esto cumplía una doble
función: la autoridad debía estudiar
el proyecto para exponerlo y, a la
vez, legitimaba la propuesta ante
los equipos técnicos, siguiendo la
máxima de “el que expone, se
expone”. Esto facilitó que el
programa se pusiera en marcha en muy
poco tiempo.
La capacitación sobre el Uso
Racional de Medicamentos para los
equipos de los CAPS se organizó con
la OPS, la Comisión de Medicamentos
de la COMRA y las cátedras de
farmacología de las Universidades de
Buenos Aires, La Plata, Córdoba y
Rosario.
El modelo de participación se
consolidó con el Consejo Asesor
Intersectorial, integrado por
entidades de la sociedad civil (Cáritas,
Cruz Roja, Red Solidaria del
Episcopado, COMRA, COFA), organismos
internacionales (UNICEF, OMS, PNUD)
y otros ministerios. Esto permitió,
por ejemplo, que el Obispo Olmedo de
Jujuy fundamentara la necesidad de
entregar medicamentos también en
hospitales pequeños con áreas
programáticas rurales.
Remediar estableció el monitoreo
social: una red de control social
directo conducida por Cáritas y Cruz
Roja mediante convenios específicos.
Recuerdo cuando con Federico fuimos
a ver a Monseñor Jorge Casaretto,
entonces presidente de Cáritas
Argentina; nos recibió en jeans y
allí acordamos la firma del
convenio. Ese acto marcó un hito
histórico al transformar la relación
Estado-Iglesia, pasando de la
asistencia social a una
corresponsabilidad en la gestión
pública. Se estableció, por primera
vez, una red federal de monitoreo
social donde la sociedad civil y la
Cruz Roja actuaron como “Auditores
del Estado”. Este acuerdo permitió
que Cáritas fiscalizara la
transparencia y la logística en la
entrega de botiquines en los CAPS,
garantizando ante la sociedad y el
BID que los medicamentos llegaran
gratuitamente a la población
vulnerable.
Pero no fue la única anécdota
significativa. Cuando pre- sentamos
la propuesta en la sede del BID
junto a Cáritas y la Cruz Roja,
chocamos con la postura del
organismo, que prefería contratar
una consultora internacional. La
tensión subió tanto que el
representante de la Cruz Roja
entabló una discusión muy fuerte,
con algunos agravios, frente a los
funcionarios. Yo pensé: “Se terminó
todo”. Al salir al pasillo, les
advertí a Federico Tobar y Graciela
Ventura que el proyecto seguramente
sería rechazado. Sin embargo, tras
reunirse con las autoridades,
salieron con la noticia de que lo
habían aceptado. Para nuestra
sorpresa, el BID valoró que, más
allá de las discusiones, el proyecto
era sólido y reflejaba un compromiso
inquebrantable de ambas
instituciones.
También se integraron los Consejos
Consultivos Provinciales y
Municipales del Ministerio de
Trabajo, el Programa Jefas y Jefes
de Hogar, y los Consejos Locales de
Salud.
Finalmente, se implementó el Call
Center de Remediar para consultas,
reclamos o denuncias, un modelo muy
innovador para la época montado
sobre la estructura del de SIDA. Se
sumaron la página web, canales
digitales y soporte técnico para la
gestión de consultas y mantenimiento
de bases de datos.
Este sistema funcionó como un nexo
de comunicación y control entre el
Estado y los beneficiarios,
garantizando que cualquier
irregularidad fuera registrada,
resuelta y auditada mediante las
Auditorías Administrativas del
Remediar en los CAPS.
El Remediar no fue solo un programa
de provisión de fármacos; fue la
respuesta ética y política de un
Estado que, en su hora más oscura,
decidió que el acceso a la salud no
podía ser un privilegio de mercado,
sino un derecho humano garantizado
en cada rincón del territorio.
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