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 Opinión

    
“POR UNA SALUD PÚBLICA QUE FUNCIONE”
  
 Por el Dr. Héctor Pezzella (*)


Para que la salud pública, verdaderamente funcione bien, no es necesario más presupuesto, sino como lo gastamos. La gestión hospitalaria importa tanto como la medicina; un hospital mal gestionado es poco eficiente y segura- mente no puede dar una medicina de calidad y costo efectiva.
Necesitamos directivos que gestionen como si los recursos fueran suyos y que los pacientes, sean tratados como si fueran su familia.
La atención médica solo por indicadores está matando la calidad, a veces reportamos todo okey y sin embargo los pacientes esperan meses para conseguir un turno o una atención médica especializada.
Necesitamos indicadores de impacto, no de cumplimiento. La desconexión entre niveles de atención es criminal. Hospitales colapsados mientras centros primarios están subutilizados. No es falta de recursos. Es falta de coordinación.
Sin gestión de datos no hay gestión real. Seguimos tomando decisiones de millones de pesos basadas en intuición y presión política.
Quienes hemos estado en la primera línea de la administración hospitalaria coincidimos plenamente: el diagnóstico del problema casi nunca es la falta absoluta de recursos, sino la ineficiencia estructural, la burocracia y la falta de incentivos correctos.
Comparto algunas reflexiones y estrategias concretas para operativizar 5 puntos:

1. El mito del presupuesto y el “Gasto de Bolsillo”.
El problema real es que, al gastar mal en el sector público, el sistema empuja a los pacientes a comprar medicamentos por su cuenta o atenderse en el sector privado para cirugías menores. Esto profundiza la inequidad.
Solución: cambiar el modelo de pago histórico de los hospitales (presupuesto fijo anual basado en lo que gastaron el año anterior) por pago por resolución o GRD (Grupos Relacionados por el Diagnóstico). El hospital que resuelve de forma eficiente recibe el incentivo, el que es ineficiente debe auditarse.

2. Gestión hospitalaria como ciencia, no como premio de consuelo
El problema real: históricamente se ha asumido que el mejor médico de un servicio debe ser el director del hospital.
Esto es un error conceptual grave: la medicina y la administración sanitaria requieren habilidades completamente distintas.
Solución: crear un “Cuerpo de administradores sanitarios de alta dirección” por concurso público transparente, con contratos de gestión revisables y sueldos competitivos con el sector privado. Un médico sin formación en finanzas, gestión y administración hospitalaria o logística no debería gestionar millones de dólares.

3. Del “Indicador de papel” al “Indicador de impacto”
El problema real: las metas de gestión actuales miden procesos, no salud. Por ejemplo: “Se realizaron 1.000 consultas de con- trol crónico” (Indicador en verde). Pero no se mide si esos 1.000 pacientes controlaron su diabetes o evitaron una amputación.
Solución: implementar metodologías basadas en el Valor en Salud (Value-Based Healthcare). El éxito se debe medir en años de vida ganados con calidad, reingresos hospitalarios evitados y satisfacción real del usuario.

4. Redes integradas de salud (“Fin a los Feudos”)
El problema real: los grandes hospitales de alta complejidad operan como islas (“feudos”) desconectados de la Atención Primaria (APS). El especialista del hospital no confía en el médico general de la comunidad, y el médico general no tiene canales para derivar de forma ágil.
Solución: presupuesto capitado integrado. Que el dinero no vaya al hospital o al centro de salud, sino a la “Red de Salud Territorial”. Si la red logra prevenir que el paciente se complique y no llegue a urgencias, toda la red ahorra y se beneficia.

5. Transformación digital: menos cemento, más datos.
El problema real: se siguen inaugurando hospitales de miles de millones de pesos con infraestructuras imponentes que terminan funcionando con fichas clínicas de papel o sistemas informáticos que no se comunican entre sí.
Solución: Ficha Clínica Única Nacional e interoperable por ley.

Si los datos de urgencias, farmacia y atención primaria estuvieran integrados, se evitaría la duplicidad de exámenes (un gasto gigantesco e inútil) y se podrían predecir brotes o picos de demanda con inteligencia artificial en lugar de “intuición”.
El verdadero desafío es político y cultural. Romper el statu quo de la burocracia sanitaria requiere valentía política, porque significa quitarle el control de los hospitales a las cuotas partidarias para entregárselo a profesionales técnicos evaluados por resultados.

En síntesis, propongo:

Autonomía de gestión con accountability de resultados.
Directivos profesionales con carrera en gestión sanitaria (no solo cargos políticos).
Indicadores centrados en el paciente, no en la burocracia.
Coordinación obligatoria entre niveles de atención.
Inversión en gestión antes que en infraestructura.

El desafío no es técnico. Es político y cultural

 

(*)  Profesor Universitario USAL. Cirujano Especialista en Salud Pública y Consultor en Gestión y Administración Sanitaria

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