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El sector de la salud viene reclamando a los sucesivos gobiernos
que asuman a la salud como una de las prioridades esenciales.
Salvo en época de pandemia nunca estuvo en el centro de la
agenda pública y en las diferentes encuestas siempre aparece
como una de las ultimas prioridades de la población.
Sin embargo y es una paradoja, que ese reclamo y esa falta de
centralidad para la población, haya cambiado bruscamente a
partir de la aparición de varios eventos (denuncias de fraudes,
fentanilo, conflictos con el Garrahan, etc.) producto de
marcadas impericias y de hechos delictivos aún poco claros.
Ha pasado más de un año y medio desde el inicio de la nueva
gestión nacional en salud (con cambio Ministerial incluido) y
desde nuestra perspectiva no existe claramente un derrotero que
muestre cual es el modelo de sistema de salud que se pretende
para todo el país. Las acciones que se han desarrollado,
aplicadas sobre todo en el sector privado (que cubre a muy poca
población), no muestran cual es el camino para mejorar la
calidad del sistema y su equidad para el 100% de la población.
Desde hace tiempo definimos a nuestro país en transición
epidemiológica. Sin embargo, es ampliamente difundido que desde
hace unos años existe un incremento de enfermedades
infectocontagiosas, tales como la tuberculosis, las ETS
(sífilis, gonorrea, HIV, etc.) sarampión, enfermedades
respiratorias agudas, hepatitis A, etc., que son producto de la
pobreza, el hacinamiento, la desnutrición, y de dificultades de
acceso al sistema de salud y de la disminución de las tasas de
vacunación.
Son todas señales epidemiológicas de países poco desarrollados y
no se debe descartar que veremos su impacto en los indicadores
poblacionales a futuro. Estos son problemas de toda la Nación,
no jurisdiccionales. Se ha repetido que la salud
constitucionalmente es una responsabilidad provincial, pero es
indiscutible que la seguridad social (Obras Sociales Nacionales,
PAMI, Prepagas, etc.) son responsabilidad del gobierno Nacional.
Que la salud sea una responsabilidad provincial no es óbice para
recordar que la Argentina es una sola y que la función de
“Rectoría” es patrimonio de la Nación y que la gobernanza es
compartida entre todos, pero con coordinación nacional. Y si
bien la pobreza y la desnutrición son determinantes sociales muy
importantes, todo lo que se haga desde el sistema sanitario, por
lo menos sirve para paliar la diferencia de igualdad y equidad
del conjunto.
La consigna del Gobierno Nacional y de su Ministerio de Salud ha
sido el reordenamiento del sistema con pilares en la libre
elección y la desregulación. Es perfectamente conocido desde la
Salud Pública de la necesidad de regular en muchos ámbitos para
asegurar calidad, y efectividad, tal cual lo hacen los sistemas
de salud de los países más desarrollados, logrando mejores
resultados poblacionales.
Las medidas inadecuadas de desregulación impactan gravemente en
la calidad de los modelos. A nivel internacional la Argentina
decidió, siguiendo a EE. UU., retirarse de la Organización
Mundial de la Salud (OMS), aduciendo múltiples errores de la
OMS, estructuras burocráticas y priorización de intereses
políticos.
Se coordinó con las provincias un plan de vacunación y de
abordaje del dengue, y luego del brote de sarampión uno similar
para esta patología, debiendo tenerse en cuenta que los
indicadores de cobertura en vacunas están muy deprimidos desde
la pandemia, por lo que es necesario un planteo integral de
vacunación.
Se implementó la receta electrónica y la matriculación digital
(avances destacables). También se desregularon medicamentos que
pasaron a ser de venta libre con la idea de reducir costos de
adquisición por los usuarios, efecto que se logró, pero sin
considerar que ello generó la falta de cobertura de estos por
las obras sociales y las prepagas, impactando una vez más en el
gasto de bolsillo de una población ya de por sí económicamente
muy castigada.
Se ha visto una reducción de cobertura de muchos medicamentos en
el PAMI, lo que impacta sobre jubilados con escasos recursos.
Según informes oficiales se ha moderado el aumento del precio de
los medicamentos, en algunos meses por debajo de la inflación.
Es necesario analizar específicamente que ha ocurrido con las
drogas de mayor consumo, sobre todo, porque el impacto de los
medicamentos es muy importante sobre todo en las clases más
deprimidas. Es necesaria una política nacional de medicamentos
no limitada al precio de venta de estos y abordar los
medicamentos de alto costo por su impacto en el sistema.
Se han producido cambios significativos en la regulación de las
obras sociales y las empresas de medicina prepaga, que aparecen
como los ejes fundamentales del Gobierno, aunque las EMP dan
cobertura a un porcentaje muy reducido de la población y sobre
todo de los sectores socioeconómicos más altos.
Desde la SSSalud se ha comenzado un proceso de auditoría de
Obras Sociales reduciendo la cantidad de entidades que por su
masa de beneficiarios o por su crisis financiera son
insustentables. Es una medida apropiada y solicitada desde
diferentes sectores.
El control del gasto médico se ha convertido en uno de los
principales desafíos para todas las instituciones de salud,
obras sociales y empresas de medicina prepaga. Existen
dificultades para analizar la información, incremento del gasto
sin una causa muy clara con desvíos en las prestaciones. Se
torna necesario ordenar procesos, optimizar los recursos y
mejorar las decisiones a tomar respecto a la eficiencia y
eficacia en las prestaciones, centradas en la calidad y
seguridad del paciente.
Al mismo tiempo, sin embargo, se han producido algunas
intervenciones de obras sociales que han generado serios
cuestionamientos desde el sector por la forma en que se han
realizado. Ha sido acertada sin dudas la eliminación de terceras
obras sociales como mecanismo para desregular aportes, aunque
ello no ha impactado en los valores de las cuotas como se había
previsto.
Tampoco se tiene muy claro aún como impactan las me- didas en el
sector de obras sociales, habida cuenta que favorecer el pase de
las personas con mejores sueldos y menor carga de enfermedad al
sector privado perjudica a un sistema solidario como es el de
las Obras Sociales, donde quedan los salarios más bajos, y los
beneficiarios con patología y les dificulta aún más la cobertura
del PMO obligatorio.
Respecto al PMO, no se han publicado, como canasta de
prestaciones, ningún tipo de nuevo análisis de este y los
trabajos para su modificación por líneas de cuidados, realizados
con financiamiento del BID, han quedado cancelados a la fecha.
Desde nuestras publicaciones del costeo del PMO, año a año, se
marcó como imprescindible, como política Nacional, la creación
de una Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias. (AGNET).
Analizar la costo-efectividad de la tecnología de alto costo,
analizar su cobertura y al mismo tiempo aportar conocimientos a
la justicia para reducir la litigiosidad.
El Gobierno Nacional en marzo 2025 comunicó la creación,
mediante decreto del Poder Ejecutivo, de la Agencia Nacional de
Evaluación de Financiamiento de Tecnologías Sanitarias (ANEFiTS).
Esa comunicación no ha sido plasmada en hechos y como en
versiones anteriores de varios proyectos de leyes (algunos
todavía con estado parlamentario), han existido seguramente
motivos de mucho peso, intereses e influencias para que no haya
ocurrido.
Debe destacarse como un elemento importante para abordar la alta
litigiosidad del sistema, la creación del PROMESA. La aplicación
de mediación prejudicial en materia de salud como solución
alternativa de conflictos, aparece como muy conveniente según el
análisis realizado por expertos.
Un tema esencial para repasar en este último año es el estado de
situación de los recursos humanos en salud y su formación. A los
complejos problemas presupuestarios de las universidades
públicas y las bajas tasas de graduación, se ha sumado el tema
de la residencia, para cuyo ingreso estuvo vigente el examen
único con el que, cada año, se cubre gran parte de los cupos en
el país para las residencias en medicina, enfermería y
bioquímica.
Fue una política en salud que logró sostenerse a lo largo de
distintos gobiernos y gestiones nacionales, y que, sin dudas,
necesita modificaciones. Este año, un examen irregular, llevó a
que el Ministerio de Salud suspendiera en adelante el examen
único dejando como potestad de cada jurisdicción su realización.
La medida es por lo menos cuestionable en lo que tiene que ver
con la menor articulación de la calidad del recurso humano entre
los diferentes estamentos, lo que atenta contra la igualdad del
sistema.
Las residencias no son obligatorias (posiblemente deberían
serlo). Cada vez menos recibidos las eligen porque durante su
desarrollo la expectativa salarial es muy baja y la carga
asistencial es muy alta, y las condiciones laborales precarias.
Los que deciden su realización eligen sobre todo las
especialidades con mejor rendimiento económico en el sistema,
con el consiguiente desmedro de muchas del primer nivel,
esenciales, o de las de cuidados especiales. En general es muy
grave la crisis de los recursos humanos del sector, médicos,
enfermeras, técnicos, etc.
Los hospitales nacionales están perdiendo recursos muy
calificados por las bajas remuneraciones. Recursos que pasan al
sector privado. En el sector privado los honorarios médicos
también se encuentran depreciados, hay muchos cobros de copagos,
y turnos atrasados para los que quedan dentro del sistema.
La crisis de los recursos humanos, pilar de todo sistema de
salud, impacta y mucho sobre la calidad de atención en el
sistema. No se ha avanzado en certificaciones y
recertificaciones de profesionales, ni en acreditación de
establecimientos para mejorar calidad, también una política a
impulsar desde la Nación junto a las provincias.
Parece haberse naturalizado que salud y educación son gastos de
bolsillo dejando libradas a las personas a su suerte, y a
pacientes y equipos de salud postergados u olvidados. La gente
silenciada por el agobio no reclama. La fuerza de lo
aspiracional, la crisis y el nuevo descreme de las obras
sociales, hacen que las personas se priven de otras cosas, para
pagar educación de los hijos y salud.
Parece un final de época. El sistema, en terapia intensiva hace
treinta años, parece estar navegando a ninguna parte, y pierden
todos: pacientes, financiadores, y prestadores. O tal vez el
plan este yendo hacia lo esperado: provincias que se hagan cargo
de la salud de sus habitantes, traspaso de las capitas más altas
a los prepagos, su integración vertical, desaparición de obras
sociales, deterioro de la capacidad instalada y del nivel de
ingreso de los profesionales de la salud.
Sin duda, se requerían reformas para abordar las persistentes
inequidades e ineficiencias, pero el enfoque actual plantea
interrogantes; los recortes presupuestarios, y una
reestructuración orientada al mercado, podrían exacerbar los
problemas subyacentes.
La reforma requiere intervenciones focalizadas para fortalecer
subsidios cruzados y mancomunación de riesgos, y redistribución
de fondos de ricos a pobres, sanos a enfermos y jóvenes a
mayores. Es prematuro realizar una evaluación integral de las
políticas actuales, y solo en los próximos años se podrán
mensurar los cambios, en acceso y resultados, y la
sostenibilidad del enfoque libertario de la rectoría sanitaria.
Pero hay un profundo cambio ideológico que privilegia la
austeridad, reduce las responsabilidades federales en salud y se
aleja de la redistribución y tradicional solidaridad de nuestro
sistema, y la presentación de estas medidas como una defensa de
la libertad frente a la intervención estatal conmueve los
cimientos de la salud pública.
No se soluciona el problema con la delegación en las
jurisdicciones de los servicios de salud; sin cambiar el modelo
de atención, especialmente cuando hay una sobrecarga en los
prestadores públicos. Nadie parece pensar o buscar una salida, y
el mercado no lo hará, y queda un agotamiento moral y bajos
salarios y honorarios de los equipos de salud que sostienen un
sistema, que aumenta su desigualdad y concentración en pocos
actores ganadores.
Este presente requiere muchas correcciones que no pueden
esperar, reformas profundas y estratégicas para evitar el
colapso definitivo del sistema de salud, que se halla en crisis
desde hace mucho tiempo
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