|
Para que la salud pública, verdaderamente funcione bien, no es
necesario más presupuesto, sino como lo gastamos. La gestión
hospitalaria importa tanto como la medicina; un hospital mal
gestionado es poco eficiente y segura- mente no puede dar una
medicina de calidad y costo efectiva.
Necesitamos directivos que gestionen como si los recursos fueran
suyos y que los pacientes, sean tratados como si fueran su
familia.
La atención médica solo por indicadores está matando la calidad,
a veces reportamos todo okey y sin embargo los pacientes esperan
meses para conseguir un turno o una atención médica
especializada.
Necesitamos indicadores de impacto, no de cumplimiento. La
desconexión entre niveles de atención es criminal. Hospitales
colapsados mientras centros primarios están subutilizados. No es
falta de recursos. Es falta de coordinación.
Sin gestión de datos no hay gestión real. Seguimos tomando
decisiones de millones de pesos basadas en intuición y presión
política.
Quienes hemos estado en la primera línea de la administración
hospitalaria coincidimos plenamente: el diagnóstico del problema
casi nunca es la falta absoluta de recursos, sino la
ineficiencia estructural, la burocracia y la falta de incentivos
correctos.
Comparto algunas reflexiones y estrategias concretas para
operativizar 5 puntos:
1. El mito del presupuesto y el “Gasto de Bolsillo”.
El problema real es que, al gastar mal en el sector público, el
sistema empuja a los pacientes a comprar medicamentos por su
cuenta o atenderse en el sector privado para cirugías menores.
Esto profundiza la inequidad.
Solución: cambiar el modelo de pago histórico de los hospitales
(presupuesto fijo anual basado en lo que gastaron el año
anterior) por pago por resolución o GRD (Grupos Relacionados por
el Diagnóstico). El hospital que resuelve de forma eficiente
recibe el incentivo, el que es ineficiente debe auditarse.
2. Gestión hospitalaria como ciencia, no como premio de
consuelo
El problema real: históricamente se ha asumido que el mejor
médico de un servicio debe ser el director del hospital.
Esto es un error conceptual grave: la medicina y la
administración sanitaria requieren habilidades completamente
distintas.
Solución: crear un “Cuerpo de administradores sanitarios de alta
dirección” por concurso público transparente, con contratos de
gestión revisables y sueldos competitivos con el sector privado.
Un médico sin formación en finanzas, gestión y administración
hospitalaria o logística no debería gestionar millones de
dólares.
3. Del “Indicador de papel” al “Indicador de impacto”
El problema real: las metas de gestión actuales miden procesos,
no salud. Por ejemplo: “Se realizaron 1.000 consultas de con-
trol crónico” (Indicador en verde). Pero no se mide si esos
1.000 pacientes controlaron su diabetes o evitaron una
amputación.
Solución: implementar metodologías basadas en el Valor en Salud
(Value-Based Healthcare). El éxito se debe medir en años de vida
ganados con calidad, reingresos hospitalarios evitados y
satisfacción real del usuario.
4. Redes integradas de salud (“Fin a los Feudos”)
El problema real: los grandes hospitales de alta complejidad
operan como islas (“feudos”) desconectados de la Atención
Primaria (APS). El especialista del hospital no confía en el
médico general de la comunidad, y el médico general no tiene
canales para derivar de forma ágil.
Solución: presupuesto capitado integrado. Que el dinero no vaya
al hospital o al centro de salud, sino a la “Red de Salud
Territorial”. Si la red logra prevenir que el paciente se
complique y no llegue a urgencias, toda la red ahorra y se
beneficia.
5. Transformación digital: menos cemento, más datos.
El problema real: se siguen inaugurando hospitales de miles de
millones de pesos con infraestructuras imponentes que terminan
funcionando con fichas clínicas de papel o sistemas informáticos
que no se comunican entre sí.
Solución: Ficha Clínica Única Nacional e interoperable por ley.
Si los datos de urgencias, farmacia y atención primaria
estuvieran integrados, se evitaría la duplicidad de exámenes (un
gasto gigantesco e inútil) y se podrían predecir brotes o picos
de demanda con inteligencia artificial en lugar de “intuición”.
El verdadero desafío es político y cultural. Romper el statu quo
de la burocracia sanitaria requiere valentía política, porque
significa quitarle el control de los hospitales a las cuotas
partidarias para entregárselo a profesionales técnicos evaluados
por resultados.
En síntesis, propongo:
Autonomía de
gestión con accountability de resultados.
Directivos
profesionales con carrera en gestión sanitaria (no solo cargos
políticos).
Indicadores
centrados en el paciente, no en la burocracia.
Coordinación
obligatoria entre niveles de atención.
Inversión en
gestión antes que en infraestructura.
El desafío no es técnico. Es político y cultural
|