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Debate


LA PARADOJA FARMACÉUTICA
QUE LOS ECONOMISTAS NO
CONSIGUIERON RESOLVER

FABRICAR MEDICAMENTOS ES CADA VEZ MÁS BARATO, PERO LOS PRECIOS SIGUEN AUMENTANDO

Por El Dr. Federico Tobar 


Compré mi primera computadora en 1987. Todavía recuerdo el sentimiento de conquista que supuso reunir 500 dólares en medio de la devaluación del Plan Primavera. En aquel entonces vivía de una beca de iniciación a la investigación que con la devaluación pasó de US$ 125 a solo US$ 25. Mi primera computadora me costó lo equivalente a 20 meses de trabajo.
Acabo de comprar una notebook, de una marca estándar pero muy confiable. Pagué por ella 500 dólares. Lo mismo que la primera, casi 40 años después. Es cierto, aunque ambas me sirven para seguir escribiendo, hay un abismo tecnológico entre mi vieja Commodore 128 y mi nueva notebook. No fue tan excitante esta vez, pero sentí gratitud. La vida ha sido generosa conmigo y hoy, con mi salario, podría comprar varias computadoras.
La paradoja es que con los medicamentos ocurre todo lo contrario. Cuando adquirí la Commodore 128, mi madre fue diagnosticada de artritis reumatoide. El tratamiento era sintomático, con AINEs. No modificaba la progresión de la enferme- dad, solo aliviaba síntomas. Su costo equivalía a poco más de tres dólares al mes.
Mi cuñada, que hoy tiene la edad que mi madre tenía entonces, padece la misma enfermedad y es tratada eficazmente con biológicos. La diferencia es notable. Lleva una vida normal (o casi, porque, para vivir casada con un Tobar, aún no hay medicación eficaz). Pero el costo del tratamiento es 600 veces mayor que el de mi madre en la década de los ochenta.
Esa inflación farmacéutica es prácticamente incomparable con la registrada por cualquier otro bien en el mundo. Ni el oro ni siquiera las criptomonedas llegaron a apreciarse tanto. A veces, como en el ejemplo que mencioné, se vincula con conquistas médicas y logros en términos de calidad y cantidad de vida. Muchas otras, ni siquiera son ventajosas. Pero siempre, ineludiblemente siempre, los nuevos medicamentos son mucho más caros.
El mercado farmacéutico presenta una paradoja persistente: el costo de producir un medicamento tiende a caer mientras el precio final tiende a subir. Esta paradoja farmacéutica muestra los límites de los marcos clásicos del pensamiento económico: ni Smith, ni Hayek ni Rothbard imaginaron mercados donde los costos fabriles bajan por tobogán mientras los precios de venta suben en cohete.
Los motivos por los que los costos fabriles bajan son diversos:
a) Avances en procesos industriales, b) La producción a gran escala con una demanda sostenida, c) La globalización de la cadena de valor -caracterizada por una creciente especialización geográfica de la producción. India y China se centraron en la fabricación de principios activos y formas farmacéuticas, lo que ha contribuido a reducir o estabilizar los costos de fabricación en determinados segmentos del mercado farmacéutico (en especial en los medicamentos de síntesis química).
Sin embargo, esta tendencia no se traduce en precios más bajos. Por el contrario, la evidencia muestra que el precio de lanzamiento de los nuevos medicamentos ha aumentado de manera sostenida en las últimas décadas. En el caso de los medicamentos oncológicos, por ejemplo, el precio medio de los medicamentos lanzados al mercado a mediados de la década de 1990 era de 5.000 dólares por tratamiento anual. El mismo aumentó 24 veces, hasta superar los 120.000 dólares anuales hacia comienzos de la década de 2010, incluso tras ajustar por la inflación. (1)
La paradoja se explica porque una proporción creciente del precio de venta de los medicamentos se destina a cubrir costos intangibles. Se trata de gastos opacos que nunca son del todo detallados ni controlados por ningún organismo. Por un lado, los denominados costos de investigación y desarrollo para llegar a nuevas patentes. Por otro lado, un poderoso marketing farmacéutico que incluye visitadores médicos, propaganda al público (en la televisión abierta, la mitad del denominado horario noble es ocupada por las farmacéuticas), congresos médicos, folletos y publicaciones. (Entre las cosas que se pueden mencionar en público).
Esta dinámica resulta central para comprender por qué, incluso en ausencia de innovación incremental significativa (lo que en jerga llamamos pseudoinnovación) o en presencia de competencia potencial (lo que en jerga se denomina copias o segundas marcas), los precios pueden mantenerse elevados o incluso aumentar con el tiempo.

¿Se podría controlar este costo intangible? Bueno, hay países que imponen una tasa a la propaganda farmacéutica (Gran Bretaña y Francia son ejemplos). También se podrían fijar precios diferenciando el componente de I+D del costo de producción (Canadá ha avanzado en ese sentido). Pero reconozcamos que se trata de mecanismos difíciles de implementar.
Hay dos instrumentos sostenibles y eficaces que ayudan a reducir la transmisión de esos misteriosos costos intangibles a los precios de los medicamentos. El primero es separar la paja del trigo evaluando los nuevos lanzamientos para definir si deben ser cubiertos y a qué precio deberían ser pagados. Es decir, si vamos a pagar 600 veces más por un tratamiento, al menos verifiquemos que sea mejor.
En ese sentido, la evidencia nos recuerda las enseñanzas del viejo Vizcacha, pues la evaluación debiera ser única e inapelable. Cuando cada maestrito tiene su librito, se abre espacio para el ejercicio ilegal de la medicina por parte de los jueces. Entonces, no solo necesitamos una única agencia nacional (o, mejor aún, federal) de evaluación de tecnologías sanitarias, sino que habría sido mejor tener una para todo el Mercosur e incluso para toda América Latina. (Sospecho que una porción de esos gastos intangibles se destinó a evitar que a alguien se le ocurriera proponer semejante idea).
El segundo instrumento no apunta al primer componente del gasto intangible (el de investigación y desarrollo) sino al segundo (el de marketing). Aquí, hay evidencia suficiente respecto a que lo ideal es promover competencia genérica con todo el arsenal de medidas posibles.(2) En este segmento, si la economía clásica tiene mucho que aportar. Sospecho que los economistas liberales de hoy tienden a ser más místicos que los clásicos y consideran que lo que cura son los costos intangibles.
En conclusión, más allá de toda paradoja, así como del misticismo imperante que cree en la competencia en todos los mercados, salvo en el farmacéutico, la evidencia nos indica que lo caro no es lo que está dentro del envase. El precio de los medicamentos está determinado principalmente por mecanismos de captura de rentas vinculados a elementos intangibles.
Ginés González García solía decir “los medicamentos no tienen precio, se los ponen”.(3)
 

1) Howard, D. H., Bach, P. B., Berndt, E. R., & Conti, R. M. (2015). Pricing in the market for anticancer drugs. JAMA Oncology, 1(5), 1–2.
2) Organización Panamericana de la Salud. (2010).
Medicamentos genéricos: una estrategia para ampliar el acceso a medicamentos esenciales. Washington, DC: OPS.
3) Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba. (s. f.). Ginés González García disertó sobre la problemática de los medicamentos de alto costo. Universidad Nacional de Córdoba.
https://fcm.unc.edu.ar/gines-gonzalez-garcia-diserto-sobre-la-problematica-de-los-medicamentos-de-alto-costo/n.

 

(*) Asesor en Financiamiento para el Desarrollo del Fondo de Población de las Naciones Unidas. https://www.linkedin.com/in/federico-tobar-032115159/

 
 

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