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Debate


BRASIL 2 – ARGENTINA 0
DOS POLÍTICAS DE ESTADO QUE ARGENTINA TODAVÍA SE DEBE

Por El Dr. Federico Tobar 


En el fútbol, los argentinos no logramos evitar compararnos con Brasil. Si extendiéramos la competencia al acceso a los medicamentos, el resultado sería menos favorable: Brasil concretó dos avances muy relevantes, mientras que la Argentina permanece rezagada. El marcador, por ahora, es dos a cero.
No es que Brasil tenga un sistema de salud perfecto. El SUS -Sistema Único de Saúde- enfrenta problemas de financiamiento, desigualdades territoriales, listas de espera y presiones crecientes por incorporar tecnologías cada vez más costosas. Pero entendió algo decisivo: el mercado farmacéutico no puede gobernarse con una sola regla.
Existen, en realidad, dos mercados muy diferentes. Por un lado, están los medicamentos cuyos monopolios ya expiraron. Allí, la política pública debe promover la competencia. La Ley de Medicamentos Genéricos (Nro. 9.787 de 1999) hizo precisamente eso: fortaleció la competencia, redujo la dependencia de las copias comerciales y garantizó calidad a precios asequibles. Los genéricos tienen envases diferenciados, su intercambiabilidad es garantizada por la autoridad regulatoria (Anvisa), su precio de comercialización debe ser un 35% inferior al del producto de referencia y su compra y prescripción son obligatorias en los servicios públicos.
El segundo mercado es el de los medicamentos innovadores protegidos por patentes, donde la competencia prácticamente no existe. En estos casos, la regulación debe reemplazar al mercado. La creación de CONITEC Comissão Nacional de Incorporação de Tecnologías, través de la Ley Nº 12.401de 2011, institucionalizó la evaluación de tecnologías sanitarias. Incorporó criterios explícitos de eficacia, seguridad, costo-efectividad e impacto presupuestario antes de decidir qué medicamentos y tecnologías financia el SUS.
Brasil aplicó con mayor fidelidad que muchos países liberales uno de los principios básicos de la economía de mercado: competencia donde la competencia es posible; regulación donde el monopolio impide que el mercado funcione. Como mostró el premio Nobel de Economía, Kenneth Arrow, en su clásico artículo de 1963 sobre la economía del cuidado médico, “los mercados de salud se apartan sistemáticamente del modelo competitivo: hay incertidumbre, asimetrías de información y poder de mercado”.
Brasil pareció tomar esa lección en serio: promovió competencia donde podía haberla -genéricos- y reguló con evaluación explícita allí donde el monopolio hacía imposible confiar solo en el mercado. En materia de medicamentos, esa distinción se tradujo en dos herramientas: genéricos para promover la competencia y CONITEC para evaluar las tecnologías en las que la competencia no alcanza.
Las cifras ayudan a dimensionar el problema. Brasil y la Argentina gastan proporciones similares de su producto en salud. La diferencia se observa al analizar cómo se organiza ese gasto y cuánto espacio ocupan los medicamentos.


En Brasil, las cuentas de salud más recientes ubican a los bienes médicos -principalmente medicamentos- en torno a una quinta parte del gasto total en salud. En Argentina, estimaciones previas ubicaban a los medicamentos alrededor del 30% del gasto total en salud. En el gasto directo de los hogares, además, los medicamentos siguen siendo el rubro más pesado.
La Argentina avanzó parcialmente en ambas direcciones, pero no consolidó una estrategia nacional coherente y sostenida. En términos del uso de genéricos la Ley 25.649 de 2002 también introdujo la prescripción por Denominación Común Internacional, pero nunca se consolidó una regulación de la oferta, ni una política nacional de compras con la misma coherencia. Persistió un amplio mercado de “similares” o copias comerciales; la implementación fue desigual entre las jurisdicciones y los financiadores. En síntesis, Argentina aprobó una ley; Brasil construyó una política de Estado.
Con respecto a los medicamentos monopolísticos la Argentina avanzó algo en 2018 con la creación de CONETEC,- Comisión Nacional de Evaluación de Tecnologías de Salud mediante la Resolución 623/2018 del Ministerio de Salud. Pero la misma no toma decisiones de cobertura obligatoria para todo el sistema de salud. Sus recomendaciones solo tienen carácter de referencia técnica nacional para el Ministerio de Salud nacional y sus organismos dependientes, pero no ordenan automáticamente la cobertura por parte de provincias, obras sociales o prepagas. En otras palabras, los miembros de la Comisión se enteraron de que la misma existe, pero parece que los jueces no.
Mientras tanto, el gasto en medicamentos continúa absorbiendo una proporción excesiva de los presupuestos sanitarios y del gasto de bolsillo. La consecuencia no es solo contable. Cada peso que se gasta de más en medicamentos de bajo valor terapéutico, copias sin competencia efectiva o innovaciones incorporadas sin evaluación rigurosa es un peso que no se invierte en atención primaria, prevención, calidad de servicios o protección financiera de los hogares.
La principal diferencia entre ambos países no reside en la capacidad de sus profesionales ni en el nivel de sus universidades. Tampoco en la calidad de sus investigadores o de su industria farmacéutica. Argentina posee recursos humanos e instituciones de excelencia. La diferencia radica en la capacidad para construir políticas de Estado.
Brasil decidió regular con más inteligencia uno de los mercados más complejos del sistema de salud: competencia donde podía haber competencia; evaluación, negociación y reglas explícitas donde el monopolio hacía imposible confiar en el mercado. Argentina, en cambio, sigue respondiendo a las urgencias sin generar acuerdos duraderos sobre las reglas del juego.
Por eso el resultado es, por ahora, dos a cero.
La buena noticia es que el partido todavía no terminó. Argentina no necesita copiar el modelo brasileño. Cada país debe construir sus propias soluciones. Lo que sí necesita recuperar es la capacidad de debatir estratégicamente su política de medicamentos y transformar esos acuerdos en instituciones estables.

Porque los sistemas de salud no cambian cuando cambia un ministro. Cambian cuando una sociedad decide construir políticas públicas capaces de sobrevivir a los ministros
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(*) Asesor en Financiamiento para el Desarrollo del Fondo de Población de las Naciones Unidas. https://www.linkedin.com/in/federico-tobar-032115159/

 
 

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